Realizan ensayos clínicos con tejidos humanos, sin humanos

Ya es posible experimentar fármacos en tejido humano sin tener que recurrir a personas vivas

Los ensayos clínicos con humanos están muy limitados debido al alto riesgo que implican. Por ello en ocasiones se lanzan al mercado fármacos con efectos secundarios desconocidos o inesperados. Ahora será posible probar estos medicamentos en tejidos humanos sin recurrir a seres humanos vivos gracias a AngioChip. De esta forma se ahorrarán costes y evitarán accidentes.

A diferencia de otros cultivos de tejidos, AngioChip no desarrolla las células humanas en un recipiente de cristal. Lo hace en una estructura tridimensional que funciona imitando a la perfección a un cuerpo humano, eso sí, reducido a un microchip. De hecho el apodo con el que han bautizado al invento es el de “El paciente en un microchip", pues así es como ven al dispositivo, como un paciente de prueba.

Lo han creado investigadores de la Universidad de Toronto y sus aplicaciones prácticas ya se dejan entrever. Formado por un material llamado POMaC, una serie de polímeros que simulan el funcionamiento de los vasos sanguíneos, AngioChip es un vivero perfecto para los tejidos humanos. En él se inyectan células y tejidos y que se comportan de forma similar a como lo harían en un organismo animal vivo.

“Es una estructura totalmente tridimensional con vasos sanguíneos internos” dice Milica Radisic, ingeniera de la Universidad de Toronto. “Se comporta como el sistema cardiovascular y a su alrededor hay un entramado en torno al cual otras células pueden crecer”.

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Ya han probado a injertar estos tejidos en animales vivos con resultados satisfactorios. AngioChip se diluye con el paso de los meses dejando sólo el tejido aprovechable. También han cultivado miocardio, el tejido muscular que compone el corazón, y tejido hepático.

Ahora el objetivo de AngioChip, el cultivador de tejidos que permite probar medicamentos en tejidos humanos sin necesidad de humanos, es comprobar si es posible experimentar con medicamentos y fármacos en estos tejidos artificiales. De ser posible, ahorraría tiempo, dinero y vidas de animales, que dejarían de ser necesarios en experimentación clínica. Se conocerían los efectos secundarios de estos medicamentos en humanos antes de proporcionárselos a pacientes vivos.

Otra vertiente por explotar, aunque mucho más lejana, es la reproducción a escala real de órganos humanos funcionales. Queda mucho camino por recorrer al respecto, pero es uno de los campos en los que se centra la investigación médica en los últimos tiempos.

[Fuentes: Nature, University of Toronto y ScienceAlert]