Estrena PS4 o Xbox One y tira a la basura las antiguas

¿Estrenas consola estas Navidades?

Estoy que me tiemblan las axilas, de los mismos nervios. PS4 y Xbox One ya están en la calle, y a mi me falta poquito para convencer a mi mujer de que son necesarias en casa para los estudios de nuestra hija mayor.

Y no es nada fácil hacer que crea que en los colegios les ponen deberes a los alumnos con PS4, pero yo estoy dispuesto a todo con tal de subirme al carro de la nueva generación de videoconsolas. Como ya dije en otro lugar, me muero por hacerme con las dos consolas. Pero, como ya apunté hace unas semanas, primero tendrá que ir una y luego la otra, la credulidad de mi esposa tiene un límite.

Y, puestos a elegir y tras varias jornadas de ayuno y meditación, he optado por abrir fuego con la Xbox One. Su concepto de centro multimedia doméstico me parece más sólido y convincente que el de la consola de Sony. Como aliciente adicional, la tentación de hacer el bobo delante del Kinnect en cuerpo, voz y alma, es verdaderamente irresistible. Pero, en realidad, las dos me enamoran. Aunque ambas –¡grandísimas traidoras!- me hayan dado una puñalada en lo más profundo de mi ser jugón, gracias a su decisión de pasar por alto la retrocompatibilidad.

Xbox One

Se acabó jugar con mis títulos de Xbox 360 o PS3. Porque reconozcámoslo: el salón español medio no tiene lugar para dos generaciones de consolas. O se larga la “antigua” generación del mueble de mi televisor, o no habrá sitio para la nueva.

¿Qué puedo hacer? Sony planea proporcionar una selección de títulos veteranos a través del servicio de juego en streaming Gaikai (lógicamente, no será gratuito). Microsoft, ni eso. Pero yo me resisto a creer que ambas compañías piensen que ya lo tenemos todo jugado. ¿Es que todo el mundo se ha pateado ya cada metro de Los Santos en GTA V? ¡Por favor! ¡Si no tengo más de veinte logros en mi Viva Piñata! 

Obligarme a elegir entre la nueva y la vieja generación es cruel e inhumano. Forzarme a colocar en los estantes más altos mi Oblivion cuando sólo llevo once portales, o dar por perdida la trilogía Mass Effect sin haber visto con mis propios ojos su criticadísimo final… no es de recibo.

¿Qué puedo hacer? En esta injusta encrucijada me encuentro, con el corazón dividido y el alma atormentada. Muerto de ganas de probar PS4 o Xbox One, pero con una larga lista de tareas pendientes antes de sentirme legitimado para asumir nuevas misiones.

Me resisto a creer que ambas compañías piensen que ya lo tenemos todo jugado

He dejado reinos a medio salvar, tengo en mi colección villanos que derrotar, escenarios que recorrer y puzles por resolver. Se me acumula el trabajo en los estantes aún más que el polvo, que ya es decir. Por las noches, en la cama, escucho los alaridos de todos los inocentes que habitan mis videojuegos y que sufren mi desidia (eso, o el matrimonio de la casa de al lado ha vuelto a poner en práctico esos extraños juegos que parece que les gustan tanto).

Y tanto Microsoft como Sony pretenden que haga oídos sordos, que los abandone a su suerte e inicie nuevas aventuras. Difícil dilema. ¿Me debo a mis juegos clásicos? Sí. ¿Tengo ganas de probar los títulos nuevos? Muchas. ¿Necesita mi hija mayor la PS4 para hacer los deberes? Desde luego que sí, cariño, te lo aseguro. Pero pedirme a cambio que deje en la estacada a mis piñatas o que me aleje de Skyrim, es una oferta tentadora pero venenosa.

PS4

Entrar en la nueva generación significa no regresar a la anterior, salvo que consiga echar de mi salón los adornos aztecas de mi mujer, que ocupan un valioso espacio que bien podría ser invadido por una nueva videoconsola. De modo que no, no seré un traidor.

Que se prepare GlaDOS, volveré a crear portales. Que tiemble el asesino del Origami porque pienso retomar el caso de Heavy Rain. Que tiemble también el espíritu de Freddie Mercury porque estoy decidido a volver a destrozar su Who wants to live forever en el Singstar Queen. No voy a dejar todos esos juegos, no abandonaré a los inocentes, no dejaré sin castigar los crímenes de mis archienemigos. La nueva generación, por mi, puede esperar. No traicionaré todo aquello en lo que creo…

Obligarme a elegir entre la nueva y la vieja generación es cruel e inhumano

… A menos, claro está, que Microsoft decida hacerme una llamadita para solucionar de un plumazo mi dicotomía y me comunica que me regalan una Xbox One. En ese caso, gustosamente me retractaré de todo lo dicho, me fotografiaré con la consola incluso embutido en una camiseta de tirantes delante de la fría sierra madrileña y empezaré a probar todos los juegos de PS4 y Xbox One, uno tras otro. Y es que, amigos, el ser humano puede ser tentado hasta un límite.

Y, después de todo, digo yo que los inocentes que me chillan por las noches desde mis videojuegos a medio jugar ya podían callarse un poquito, que no son horas. Eso contando con que sean ellos y no la parejita de al lado, tan retozones y creativos.

Yo, ya lo digo, quedo a la espera de la llamada de la nueva generación, y mantengo desocupado el teléfono. ¿A qué esperan?