Inventan las máquinas suicidas: se destruyen a sí mismas

Artista inventa la máquina suicida: se destruye a sí misma

Cuando el arte se fusiona con la tecnología, pueden surgir cosas tan curiosas como una cámara que "fotografía" olores... o unas maquinas que se suicidan. Literalmente.

Vía io9 descubrimos el trabajo del artista conceptual Thijs Rijkers, que experimenta con la tecnología de láseres y la mecánica para crear máquinas sin un fin específico, salvo despertar sentimientos encontrados en el espectador.

Lo más llamativo de su obra son las Máquinas Suicidas. Robots sin alma cuyo único propósito es destruirse a sí mismos.

Seguro que conoces las populares cabinas de suicidio de la divertida serie Futurama, en donde las personas hastiadas de su vida introducen una moneda de 25 centavos para que un robot les aplique una muerte dolorosa, a elección del consumidor:

El concepto de las Máquinas Suicidas de Thijs Rijkers es distinto. No "suicidan" a otras personas, sino que se destruyen a sí mismas.

Rijkers han inventado dos modelos diferentes.

La Máquina Suicida de Sierra

Máquina Suicida de Sierra

Este concepto se basa en un motor que mueve cinco sierras. Lentamente, van serrando la carcasa de metal de la máquina. Un peso se encarga de mantener el filo pegado al metal.

Maquina Suicida

Es una muerte lenta que puede llevar horas, incluso días, pero tarde o temprano las sierras llegarán al interior del motor y terminarán destruyéndolo. Puedes ver el proceso en este vídeo:

 

 

Máquina Suicida de Arena

Maquina Suicida de Arena

Puede parecer una muerte más dulce, pero es más rápida y efectiva: la máquina lanza arena a sus propios engranajes. En unos minutos, termina secando el aceite u obturando las juntas, provocando su propio colapso.

Puedes ver el suicido en el vídeo:

Hay algo hipnótico e inquietante que impide que apartes la mirada de estas máquinas mientras observas como, lentamente, de forma inexorable, provocan su propia muerte.

El suicidio es una acción intrínsecamente humana. Casi ningún animal lo comete, y mucho menos de forma premeditada. Contemplar cómo una máquina se suicida le confiere un trasfondo humano que resulta desolador.

Su aspecto viejo y oxidado nos transmite dolor, sufrimiento, una vida mal vivida que les lleva a tomar la decisión de suicidarse.

Sentimientos intrínsicamente humanos, que Thijs Rijkers ha sabido transmitir acertadamente por medio del metal.

Un buen ejemplo de que el arte, en ocasiones, consigue sus objetivos.