¿Tu vida real no te convence? ¡Busca una vida virtual mejor!

¿No te gusta cómo eres? Fabrícate un "yo" virtual a medida

La teoría parece indicar que los cibernautas usuarios de juegos y simulaciones online buscan experiencias muy diferentes, pero todas muy soñadas y deseadas, a las que viven cada día en su vida real. Por eso activan una cuenta en un juego de fantasía, se crean un avatar para vivir millones de sensaciones nuevas, le quitan sus lorzas y cubren con pelo donde hay calva, lo visten con las ropas que no se atreven a llevar en la calle (es el momento de llenar su cuerpo de piercings, tatuajes y peinados con formas que la geometría aún no ha sido capaz de definir), salen a matar alimañas feroces cuando en la dehesa se asustan hasta de una vaca malencarada, etc. 

Lo que pasa es que, antes o después, los usuarios trasladan sus filias, fobias, fortalezas y flaquezas de una vida a otra. Si son unos miserables en la vida real, difícilmente mantendrán un perfil intachable en el mundo virtual. Da igual el escenario, el juego o la experiencia y, desde luego, puede ser más o menos consciente o voluntario. Ahí tenemos a los pazguatos de turno, aquellos que tras jugar dos partidas al GTA V y cometer toda clase de inofensivos excesos al estar compuestos por píxeles, salen a la calle y se lían a robar y destrozar coches porque “quería ver lo que se sentía jugando al Grand Theft Auto”. Declaración literal del mendrugo en cuestión.

¿Culpa del juego? No, culpa del tipo, el juego no tiene la culpa de atraer a algún que otro desubicado. ¿Nadie le sugirió a este mentecato que también podía haber jugado unas partidas al Construction Simulator 2014 y después partirse los lomos en una obra para comparar experiencias?

 Trasladan sus filias y fobias de su vida real a la virtual

Francamente, me gustaría mucho que toda esta caterva de desubicados que ocasionalmente protagonizan las noticias buscando plasmar de una forma real sus experiencias virtuales, canalizaran su estulticia de un modo más edificante. Por ejemplo, pueden dedicarse a grabar una tablilla con un escoplo para meterse en la piel de su procesador de textos. Con un diccionario al lado, si quieren sentir a la vez cómo funciona el corrector ortográfico. Pero me temo que no todos los usuarios tienen claro lo que es su vida virtual y lo que es su vida real.

Y por un lado es alarmante, ya que nos encaminamos hacia el uso y disfrute de simulaciones virtuales más fieles e inmersivas y con una mayor capacidad de absorbernos. Nuevas tecnologías que, como siempre, no serán buenas o malas por sí mismas, sino que dependerán de cada usuario. Los que se movían con sentido común en el mundo real, también lo harán en el virtual. Los que ya hacían memeces en el mundo real... seguramente ni abandonen ya el virtual, terreno abonado para las memeces, salvo para ver qué se siente yendo al baño. Una experiencia increíble, probablemente la mejor a la que puedan aspirar, tanto en la vida real como en la virtual.