Drones en los cielos ¿Son de fiar?

¿Qué es LIFE?
¿Qué es LIFE?
Los drones ya están sobrevolando nuestros cielos ¿Te inspiran confianza?

Ya llevan los drones el suficiente tiempo volando sobre nuestras cabezas como para que dejemos de pensar en ellos como unos dispositivos más propios de la ciencia-ficción que de nuestro día a día.

Vuelan, graban y toman imágenes, captan toda clase de información y resulta relativamente sencillo que pasen desapercibidos. Aunque se han dado los primeros pasos, hace falta una legislación completa y detallada que proteja a los ciudadanos y establezca, a la vez que los derechos, los deberes de quienes manejan estos dispositivos. 

Así que, mientras, hemos querido plantear este tema en el debate de Computer Hoy a nuestros redactores y colaboradores y, por extensión, también a todos vosotros.

¿Son de fiar los drones? ¿Crees que estamos por ver usos mucho más interesantes en el futuro? ¿Tenemos leyes suficientes para controlar su actividad?

No es un problema de seguridad, creo que sí son de fiar, lo que no son de fiar son los que los utilizan. Personalmente no les acabo de encontrar utilidad alguna para uso doméstico y/o lúdico más allá de un par de horas de entretenimiento

Evidentemente hay profesionales que seguro que les sacan partido, estoy pensando en fotógrafos de bodas y demás, pero para mi día a día... no lo acabo de ver.

He probado varios de ellos y, sí, me han entretenido durante un par de horas, y me han servido para sacar pecho ante mis amigos neófitos en temas de tecnología, pero más allá de esas ocasiones puntuales no veo la necesidad de realizar una inversión semejante.

Además siguen teniendo un grave problema a mi juicio, el de la autonomía, 15 minutos de vuelo me parecen todavía muy poco tiempo. Con esto no digo que no puedan triunfar, de hecho, lo están haciendo, cada día surgen nuevas utilidades, pero, llamadme anticuado, no son para mí.

Me encantan los drones. Son, con diferencia, mi aparato favorito, y siempre que entran en mi presupuesto me hago con alguno. Dicho esto, son absurdamente poco fiables.

Los vuelos de drones anónimos sobre París han demostrado que el mundo aún no está preparado para ellos. De momento sigue sin haber una forma de vincular al dron con la persona que lo maneja, dando pie a un vacío legal peligroso.

Por supuesto, esto no quiere decir que tengan que retirarse, ni que haya que preparar una regulación burocrática y absurda. Un simple registro de los drones activos debería ser suficiente para poder utilizarlos de una forma bastante más fiable.

Por lo menos, tal y como está la tecnología, debería ser suficiente. A pesar de ello, no me extrañaría nada que dentro de poco se regularizase un carnet de vuelo de drones, que se consiguiera pasando un test y rellenando decenas de formularios absurdos en horario laboral.

¿Conocéis una forma mejor de desanimar a los entusiastas que con burocracia?

La tecnología tiene millones de usos. Y millones de artilugios que cada día exploran sus diversos caminos. El dron en particular se ha instaurado en la vida cotidiana. Ha pasado de ser un término de ciencia ficción para convertirse en una palabra habitual que, al igual que "pan", a nadie le resulta extraña.

Protagoniza noticias, crea escuela e incluso arte (ya tiene su propio festival de cine), el dichoso dron. Entonces ¿Por qué iba a ser negativo o no iba a ser de fiar? No es el producto en sí, sino la mano del hombre quien le da el uso. El que está detrás y lo maneja. El de siempre.

Los drones son solo una muestra de lo que la tecnología puede hacer, un producto que lejos de ser de ciencia ficción es real y del que podemos disfrutar.

Eso sí, con alguien que lo gobierne siempre pensando en el otro, con ética y responsabilidad, alguien que sí que inspire confianza. No es el dron de quien me tengo que fiar.

En la famosa aldea gala de Asterix, el jefe Abraracúrcix decía temer únicamente a que el cielo se cayera sobre sus cabezas. ¿Estaría hablando de los drones?

Gracias a la nutrida y potente imaginería de la ciencia-ficción, no me cuesta imaginar un cielo plagado de drones que nos sobrevuelan capturando imágenes, tomando medidas y realizando cualquier tipo de servicio público o privado.

Aunque, al igual que Abraracúrcix, no puedo evitar pensar que existe el riesgo a que un paquete de Amazon se suelte del dron que lo sostenga y la edición de lujo de la trilogía de 50 sombras de Grey golpee mi testa.

Pero esa no es la mayor de mis preocupaciones: estoy a favor de un uso racional y controlado de los drones, y estoy más que dispuesto a beneficiarme de los –estoy seguro– mil beneficios que traerán esos simpáticos robotijos a nuestra vida cotidiana.

Pero por favor, que espabilen quienes tengan que hacerlo a la hora de poner las barreras que protejan nuestra privacidad y derechos y establezcan un marco que decida qué resulta lícito y ético y qué no.

Con estas barreras, estoy dispuesto a dejarles volar por encima de mi. Aunque yo miraré de cuando en cuando hacia arriba, por si las moscas.

Que desde pequeño me hayan inculcado la desconfianza hacia lo desconocido podría condicionar mi opinión hacia este nuevo gadget que es el dron, pero no será así.

Este veredicto lo emito obviando películas como 'La Guerra de los Mundos' ya que prefiero pensar que un ejército de robots o drones inteligentes nunca nos invadirá, aunque a esta velocidad ya no sé que pensar.

En mi opinión, los drones sí son de fiar. ¿Qué daño puede hacernos un objeto que, bien usado, puede ayudar a salvar vidas? Los resultados ya son prometedores. Un dron ya salvó la vida de un limpiacristales en Dubai y se utiliza como salvavidas en algunas playas.

Además, ya genera nuevos puestos de trabajo. Yo sólo le veo beneficios. Entonces, ¿son de fiar? Si su destino es un uso lúdico o en favor de la seguridad del ciudadano, siempre será de fiar. Son todo ventajas.