¿Qué es el glifosato? ¿Es realmente cancerígeno?

¿Qué es LIFE?
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El glifosato es bueno o malo para la salud.

El herbicida conocido como glifosato lleva décadas siendo el centro de la polémica entre agricultores y organizaciones ecologistas. Comercializado como Roundup por la empresa Monsanto hasta que caducó la patente, fue el primer herbicida global que se puede aplicar sobre casi todos los cultivos para eliminar las malas hierbas, a diferencia del modelo alternativo que consiste en tratar individualmente a cada especie o eliminarlas manualmente.

Dese el año 2000, cuando Monsanto perdió la exclusividad, su utilización se ha disparado al reducirse el coste, algo que ha puesto en alerta a las distintas organizaciones ecologistas de todo el mundo. Alegan que el glifosato es cancerígeno y malo para la salud por diversos motivos, argumentos ante los que la comunidad científica esgrime diversos estudios que demuestran lo contrario.

En principio, esta sustancia inhibe la síntesis de algunos elementos necesarios para la vida vegetal, aunque estos no pueden ser sintetizados por animales y por el ser humano. Además, se degrada mucho más rápido que otros herbicidas y fertilizantes, en sólo 22 días, aunque puede haber restos del mismo si el alimento llega a la cadena de consumo antes.

Ahora, la Unión Europea ha extendido cinco años más el permiso para la utilización de este herbicida en todo el continente, para disgusto de los países que votaron en contra y de los ecoligistas. El tono de tragedia adoptado por estos últimos es evidente pero ¿tienen razón los críticos del glifosato?

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El glifosato, supuestamente cancerígeno...o no

El argumento más recurrente utilizado por los ecologistas es un informe de la Agencia Internacional para la Investigación del Cancer. Dicho paper lo incluye en la lista de sustancias potencialmente cancerígenas, algo que para muchos es suficiente para justificar la prohibición completa.

Dicho esto, hay que hacer un inciso: es potencialmente cancerígeno en el grupo 2A, compuesto también por las carnes rojas o los fritos a altas temperaturas. Son sustancias que podrían generar un tumor si se usan y abusan en grandes cantidades, pero cuya peligrosidad no debería ser un problema mayúsculo en caso de existir.

Sin embargo, hay otro informe que rebate esta posibilidad o al menos la descarta temporalmente, en concreto hasta que haya evidencia científica sólida de los efectos perjudiciales del glifosato sobre la salud. Es de la Autoridad Europa de Seguridad Alimentaria, la agencia que tiene la última palabra sobre lo que se puede consumir o no, y que por cierto suele ser bastante conservadora y garantista a la hora de autorizar sustancias sintéticas.

Dicha agencia comunitaria comunica que no hay evidencia científica seria que indique que el glifosato es cancerígeno o que tiene consecuencias negativas. Y tras más de 40 años comercianlizándose ya debería haberlas.

Por supuesto, cualquier posicionamiento favorable al glifosato o al menos a la evidencia científica antes de prohibirlo recibe una descalificación instantánea: has sido comprado por Monsanto, aunque esta empresa ya no tiene el derecho exclusivo a producir el Roundup. Las agencias que le dan luz verde están compradas y hasta el que escribe esto también, seguramente dirán.

Los costes de una supuesta prohibición

Obviando los costes económicos que tendría dejar de utilizar el mejor herbicida existente hasta ahora, es evidente que su prohibición acarrearía otras consecuencias. Esta sustancia se degrada mucho más rápido que otras, y su sustitución implicaría comenzar a utilizar compuestos con más potencial para llegar a la cadena alimenticia.

Además, la productividad de los cultivos decaería de forma importante, con todo lo que ello implica. En los países desarrollados hay abundancia de alimentos, pero no en los subdesarrollados. Que de repente un porcentaje de la comida disponible a nivel mundial desaparezca afectaría de forma mucho más grave a los más débiles, como siempre.