El infierno de trabajar en Apple

Jordan Price cuenta su negativa experiencia de trabajar en Apple

Imagina que eres un diseñador gráfico, y recibes una llamada de tu compañía de empleo anunciándote que Apple quiere hacerte una entrevista. El encuentro va bien, y ese mismo día, eres contratado.

¿Cómo te sentirías?

Para Jordan Price, era un sueño convertido en realidad. Poco imaginaba que en cuestión de semanas ese sueño se iba a convertir en pesadilla, hasta el punto de que un día, en mitad de su jornada laboral, decidió coger sus cosas y marcharse.

Lo que vamos a contar aquí es la experiencia de Jordan Price, un extrabajador de Apple. No debemos perder la perspectiva. La compañía de Cupertino tiene 80.000 empleados, y esto es el relato de una persona. No conviene hacer generalizaciones.

Pero lo que cuenta Jordan Price nos sirve para conocer algunas de las interioridades de lo que, por otra parte, es una de las empresas que mejor preserva su intimidad.

Los ingresos de iTunes igualan a los de Windows

Lo primero que descubrió Jordan cuando confirmó que iba a trabajar para Apple, es el aura de prestigio y reconocimiento social que envuelve a la marca. Colgó la noticia en Facebook y Twitter, y enseguida comenzaron a aparecer mensajes de felicitación de gente con la que no hablaba hace años, amigos de la infancia que no había visto desde entonces.

Pero ahora trabajaba para Apple, y eso te hace instantáneamente popular.

Jordan inclusó organizó una multitudinaria fiesta para celebrar su nuevo y prestigioso trabajo.

Los primeros días en Apple fueron de adaptación. Jordan cuenta cómo tardó casi un mes en tener acceso al servidor, debido a la interminable lista de contraseñas, logins, y autentificaciones que había que obtener para poder acceder a la red de Apple.

Sede de Apple en Cupertino

Pero poco a poco surgieron los inconvenientes.

Sufrió un recorte sustancial de su sueldo, aunque lo aceptaba como una inversión a largo plazo, trabajar en Apple tiene otros muchos beneficios, especialmente en términos de currículo, si más tarde trabajas como freelance.

Pero los estrictos horarios de trabajo impuestos por la compañía eran un problema. Su familia vivía en San Francisco, que está a unos 71 kilómetros de la sede de Apple, en Cupertino, y debido a los horarios de su trabajo no podía ir a ver a su hija los días de diario, porque la jornada se extendía hasta la noche, cuando la niña ya estaba dormida.

Otra cuestión que, a juicio de Jordan, dificultaba su productividad, eran las infinitas reuniones. Había reuniones continuamente, para todo tipo de temas, que rompían su ritmo de trabajo. Aunque lo asume como una molestia inevitable en una gran compañía que cuida todo los detalles.

Son inconvenientes y sacrificios que Jordan Price estaba dispuesto a aceptar, es el precio de trabajar para una de las empresas más importantes y exigentes del planeta.

Pero había algo con lo que no contaba: su jefe.

El productor del equipo de Jordan era el típico jefe que se pasaba el día insultando a sus empleados y haciendo bromas con ello. Reconoce que lo hacía con todos, pero con él se cebaba a todas horas. Insultos, chistes humillantes, bromas de mal gusto, y actitudes poco profesionales, como encargarle tareas rutinarias que debía completar inmediatamente porque, supuestamente, las necesitaba urgentemente.

Sus compañeros tragaban con ello, y muchos incluso le reían sus chistes vejatorios y le hacían la pelota.

Jordan aguantó un tiempo, hasta que un día cogió todas sus cosas de su despacho, escribió una nota a su jefe, y se marchó.

Entonces fue cuando descubrió el otro lado de la moneda: las consecuencias de rechazar a Apple.

Su compañía de empleo se enfureció por marcharse de Apple de un portazo, afirmando que había puesto en peligro sus relaciones con ellos.

Pocos en su círculo de familiares y amigos entendían lo que había hecho, y le decían que tenía que haber aguantado más, que cómo se le ocurría haber dejado Apple.

En las redes sociales, hay división de opiniones: gente que aplaude su dignidad e integridad, al no doblegarse a los abusos de un jefe despótico. Otros critican su forma de marcharse, afirmando que primero debería haber ido a hablar con Recursos Humanos para pedir un cambio de equipo o incluso, una reprimenda a su jefe.

Como hemos dicho, esto es sólo la historia de uno de los 80.000 trabajadores de Apple, y no hay que generalizar.

Muchas de las cosas que afectaron a Jordan, como que su familia esté en otra ciudad, o un jefe maleducado, son en cierto modo ajenas a Apple, al menos sin dar oportunidad a la compañía de resolver el problema, poniendo una queja en Recursos Humanos.

Pero su caso es llamativo, porque muy raras veces los ex-empleados de Apple hablan en público de su trabajo dentro de la empresa.

Si Jordan hizo bien o mal en salir de Apple de esta manera, es algo que resulta difícil de juzgar sin haber estado en su situación.

[Fuentes: The Huffington Post, Medium]