Tu viejo móvil puede tener una segunda vida

Planta de reciclado de teléfonos móviles

Ha llegado el momento, es inevitable, parece que ya no te queda más remedio. Tu teléfono móvil ha agotado su vida útil. Ya no puedes hacer más fotos, ni instalar más aplicaciones, y ni siquiera actualizar las que ya tienes.

Y, además, un insistente aviso no deja de recordarte lo que estás tratando de ignorar sin ningún éxito: la memoria de tu smartphone está llena, no le cabe ni un dato más.

Después de elegir el nuevo modelo que sustituirá a ese inseparable dispositivo que te ha acompañado durante los últimos dos años, llega el momento de tomar otra decisión. Y esta ha de ser lo más responsable posible por las consecuencias que puede acarrear.

No te asustes, la respuesta es fácil, y en este artículo te vamos a dar algunas claves para que el margen de error sea el mínimo posible. La pregunta que tienes que plantearte ahora es ¿qué hago con mi móvil viejo? 

La obligación de reciclar

En España hay más de 45 millones de teléfonos móviles, de los que unos 20 millones dejan de utilizarse cada año, según datos de la fundación Tragamóvil.

Generalmente, cuando un usuario desecha su antiguo smartphone tiene tres opciones: guardarlo para poder tener un sustituto al que echar mano si el nuevo falla, es lo que se denomina en el sector como “efecto tesoro”; desplazarte a una tienda de compra venta de estos dispositivos para poder recuperar parte del dinero invertido –en estos casos, lo habitual es que el teléfono sea exportado a otros países, normalmente de África–; o acudir a un punto de recogida de residuos electrónicos y entregarlo para su posterior tratamiento y reciclado. Desafortunadamente, esta última opción no es la habitual.

Los usarios estamos pagando para que os fabricantes traten de forma adecuada los residuos electrónicos

La mayoría de los usuarios desconocen que desde el año 2005 existe una legislación en España que obliga a los fabricantes a la recogida y reciclaje de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), y que repercute en el precio final de cada uno de los dispositivos. Es decir, cuando compramos un teléfono móvil, o cualquier otro aparato eléctrico –ya sea una bombilla o una afeitadora–, estamos pagando para que los fabricantes los traten de manera adecuada cuando el usuario decide que ya no le sirve para nada.

RecybéricaPara un correcto tratamiento de los residuos hay que separar sus piezas manualmente.

Todavía no es suficiente

El origen de la fundación Tragamóvil fue precisamente ese: dar respuesta a una serie de obligaciones legales dictadas por una directiva europea. En 1999 los principales fabricantes de telefonía móvil que había en nuestro país se unieron para dar impulso a esta iniciativa, y dos años después pusieron en marcha una experiencia piloto en la Comunidad de Madrid.

El resultado fue tan positivo que llamó la atención de la Unión Europa y, a través de su programa LIFE Medio Ambiente, concede a Tragamóvil una subvención de un millón de euros –la única, por cierto, que han recibido en estos 15 años–.

Esta inyección económica permite la implantación del proyecto en el resto del territorio nacional. En el año 2003 logran acumular y reciclar 200 toneladas de teléfonos móviles. Todavía faltaban dos años para la entrada en vigor del Real Decreto 208/2005.

La Unión Europea concedió una subvención de un millón de euros a Tragamóvil para el reciclado de teléfonos móviles

Actualmente, recogen 4 kg de estos residuos por habitante al año. Una cifra que, según nos explica José Pérez, presidente de la fundación Tragamóvil, cumple con la normativa. Sin embargo, parece no ser suficiente. Por eso, el pasado mes de febrero se modificaron algunos puntos de la anterior legislación a través de un real decreto.

“Se han introducido cambios importantes que tratan de mejorar los defectos que se habían visto a la hora de aplicar la anterior normativa” describe Pérez, y enumera: “Se establece un mayor control administrativo y unos objetivos de recogida más ambiciosos para tratar de estimular la mejor gestión de los equipos. Se constituye un régimen abierto por el que la accesibilidad al residuo puede venir por varios canales y no sólo por los productores, también por entidades locales. Se crea un mejor control del residuo, ya que estábamos detectando robos en los puntos de recogida”.

Punto de recicladoPuedes encontrar puntos de recogida de móviles viejos como estos en varios centros comerciales.

Se aprovecha casi todo 

Precisamente este último es uno de los mayores problemas con los que se encuentra Tragamóvil. “La red de puntos de recogida cada vez es más difícil de mantener porque estamos sufriendo robos”. Por eso recientemente han cambiado sus contenedores por otros más seguros, y por eso Pérez nos recuerda que el residuo que no se recicla acaba en un vertedero de aquí o de otro país, perdiendo todos los beneficios que podría aportar a la naturaleza y a la sociedad.

También quiere dejar claro que el dispositivo no es contaminante, pero sí lo es la batería. “Siempre lo ha sido porque tiene materiales complicados de tratar, así que si evitamos tirarla a la basura, mejor”. De un móvil se puede volver a aprovechar hasta el 97% de los materiales con los que está fabricado, fundamentalmente plástico, metales y metales preciosos. El resto, el 3%, son materiales tóxicos, como el litio o los ácidos de la batería.

El componente más contaminante de un teléfono móvil es la batería

Para comprobarlo nos hemos acercado a una planta de tratamiento de dispositivos electrónicos, Recybérica. Su gerente, Fermín Rodríguez, nos acompaña durante la visita en la que recalca la importancia del reciclado para evitar el derroche económico y medioambiental.

Para explicarlo, aporta los siguientes datos: el 100% del plomo que se utiliza en productos manufacturados procede del reciclado, y lo mismo ocurre con el 50% del cobre. También pone un ejemplo práctico: con el plástico que se obtiene del tratamiento de estos residuos se fabrican lunas para los coches o las perchas donde colgamos la ropa. 

Lo que se puede aprovechar de un teléfono móvil

Minería urbana

En la zona de la planta dedicada al tratamiento de los teléfonos móviles, lo primero que hacen las operarias es separar el elemento más contaminante: la batería. A continuación, retiran las carcasas y tarjetas para tratarlas, y reutilizar sus materiales.

“En un proceso posterior molemos las tarjetas para obtener los metales, mayoritariamente aluminio, cobre y algo de hierro; y una parte muy pequeña de metales preciosos, como oro, plata y paladio”, describe el gerente de Recybérica. Los beneficios de este tratamiento no dejan lugar a dudas: “Si se recicla, evitamos sacar de las minas los minerales que son escasos. En su lugar, se generan en las propias ciudades, es lo que se llama minería urbana”, define José Pérez.

La parte electrónica de los dispositivo cuenta con componentes que precisan del uso de metales preciosos. “Por ejemplo, los contactos llevan un baño de oro, los chips suelen contener paladio y en las patas de estos chips se usa plata”, explica Rodríguez. “Todo en cantidades casi nimias. Hace falta procesar una tonelada para sacar unos 800 gramos”.

El coltán está en partes muy pequeñas de la electrónica de un smartphone y se puede recuperar

Durante la conversación, la referencia al coltán es inevitable. Se trata de un mineral que se utiliza en la fabricación de aparatos electrónicos, entre ellos, los teléfonos móviles. Su extracción de las minas de África está rodeada de polémica, por las condiciones en las que se realiza y porque, debido a su escasez, se ha convertido en un bien muy preciado que ya genera conflictos en estos países.

“El coltán está en partes muy pequeñas de la electrónica, pero se puede recuperar. Es un recurso valioso, no sólo por su escasez, también por lo penoso de obtener con explotación de personas y niños de países africanos”. Y recalca: “Todo eso está aquí, en estos residuos, y no se puede perder”.