Los robots del presente, ¿cómo son?, ¿qué hacen?

Desactivar bombas, jugar al fútbol, explorar la superficie de otros planetas...

La ingeniería mecánica ya lleva tiempo habitando entre nosotros, por ejemplo, en las secciones de ensamblaje de las plantas automovilísticas. Sin embargo, ahora también quiere conquistar nuestra vida cotidiana, y nos encontramos con robots que aspiran la suciedad de las alfombras o cortan el césped de nuestro jardín. Y en esta frase la conjunción ‘o’ es muy importante ya que, hasta ahora, los robots se especializaban en una función y, por ejemplo, un robot médico de un millón de euros no podía competir a la hora de limpiar la alfombra, con su colega, el robot aspirador.

‘Wall E’ vs ‘Terminator’

En cualquier caso, es bastante lógico que queramos robots humanoides que puedan hacer cada vez más pero, por otro lado, ¿existe el riesgo de que cualquier día nuestro robot quiera aspirar más que polvo?

Estos deseos y temores dan forma a nuestra ambivalencia acerca de estas criaturas artificiales y a cómo las hemos reflejado en el mundo de la literatura y el cine: nos encanta ‘Wall E’, el impertérrito limpiador de la tierra; así como HitchBOT, un robot que viajó por Canada haciendo autostop. Sin embargo, por otro lado, está su colega ‘Terminator’, que desea la extinción de la raza humana, lo que proporciona un material suficiente para nuestras más atroces pesadillas. 

Pero, al margen de todo esto, hay que tener presente que los primeros días de los robots no fueron nada fáciles, ya que en el comienzo de su historia estaba todo trucado: por ejemplo, en el siglo 18, el inventor Wolfgang von Kempelen creó un gran revuelo con su ‘Ajedrez turco’: un muñeco mecánico que ganó en Europa y en los EE.UU. muchas partidas de ajedrez contra oponentes humanos.

Todo ello hasta que se descubrió que en el interior de la máquina se escondía un hombre pequeño que movía el muñeco mediante unos complicados mecanismos. La máquina ocasionó tal decepción que, desde entonces, se usa la expresión ‘ajedrez turco’ para referirse con ella a un engaño. 

Sin embargo, en la actualidad, los jugadores de ajedrez no tienen miedo a este tipo de contrincantes y a lo que sí temen es a los potentes ordenadores. La tecnología informática ha permitido la creación de robots como Shakey, que pueden hacer mucho más que las maravillas mecánicas que emergieron en la temprana era industrial.

¿Qué hace que una máquina sea un robot?

El término Robot proviene del checo ‘Robota’ y significa ‘trabajo esclavo’. Sorprendentemente, no disponemos de una definición precisa, ya que originalmente solo aquellas complejas máquinas con apariencia similar a la humana se consideraban robots. Así, como los primeros robots industriales no encajaban en esta categoría, fueron excluidos de la definición. Finalmente, se reconsideró añadir estas máquinas a la definición.

Nunca se cansan 

Los robots actuales que se usan, por ejemplo, para el mantenimiento del césped, se diferencian de sus colegas estáticos (no solo lavavajillas y lavadoras, sino también de nuestros ordenadores) principalmente por su capacidad de movimiento autónomo.

Los requisitos mecánicos de estos ayudantes domésticos son relativamente bajos (el aspirador Hoover lleva existiendo un montón de décadas) y los principales desafíos son los sensores y su cerebro electrónico. Así, un robot que limpie el suelo tiene que evitar obstáculos y caerse por las escaleras. Pero son aún mayores los desafíos al crear un robot que camine que o, incluso, ande a cuatro patas.

Los robots pueden hacer muchas cosas

En cualquier caso, los expertos esperan un aumento dramático en el desarrollo de la robótica. A la vanguardia está la industria de defensa: en un futuro, en lugar de poner en peligro la vida de sus soldados, los estrategas militares preferirán enviar robots al campo de batalla. Y, aunque todavía queda mucho para ver Cyborgs o Terminators, los expertos predicen que en unos 20 años, podrán crearse robots autónomos salidos de los laboratorios de la industria militar.

Sin embargo, los robots del futuro están pensados para ayudar a mucha gente (como incansables ayudantes en hospitales y residencias), así como salvavidas o guardias de seguridad. Y, si nos centramos en este tipo de tareas, es cuando surge la necesidad de que estos seres artificiales sean más humanos. Por ello, los humanoides de Hanson Robotics imitan las expresiones faciales humanas de manera aterradoramente realista: pueden sonreír, deprimirse o sorprenderse, para así romper el hielo entre el hombre y la máquina.

Está claro, los robots pueden hacer más agradables y seguras nuestras vidas. Eso sí, siempre y cuando, no se les pase por la cabeza (o por su memoria) gobernar el mundo y exterminar a la raza humana...