La mierdecita del Whatsapp demanda a sus padres

La mierdecita del Whatsapp demanda a sus padres

La historia de las pequeñas estrellas nunca suele ser sencilla. Joselito, Macaulay Culkin o Torrebruno son sólo un ejemplo (bueno, tres) de que saltar desde la más tierna infancia al mundo de la farándula puede ser muy peligroso. Tal es el caso de la muy conocida y querida mierdecita del Whatsapp, todo un icono (nunca mejor dicho) de la mensajería instantánea en smartphones, que incluso ha saltado desde los móviles a la gran pantalla. Una historia de éxito y popularidad, que ahora se ve empañada por el que podría ser el juicio mediático del año (con permiso de la Pantoja y Julián Muñoz), y es que, la icónica mierdecita del Whatsapp ha demandado a sus padres por haber dilapidado la fortuna que, tras duros años de trabajo, había conseguido ahorrar.

La historia, tan sórdida como el documental que está preparando Pedro Almodovar sobre Internet, recuerda bastante a la del anteriormente mencionado Macaulay Culkin: la mierdecita del Whatsapp empezó a trabajar muy, muy joven, y sus padres asumieron las funciones de representación artística y legal. Durante años, los pingües beneficios obtenidos por su trabajo fueron administrados por ellos que, en teoría, debían velar por los intereses de su hijo/cliente, asegurándo que, al alcanzar la mayoría de edad, pudiera disfrutar del fruto de su trabajo. Sin embargo, parece ser que, en vez de ello, optaron por inversiones arriesgadas (la mayoría de ellas en hipódromos, canódromos y en Bankia), viajes a todo confort y con el máximo lujo alrededor del mundo y, por supuesto, en adquirir una fastuosa mansión que, por ingenieria fiscal, pusieron a nombre del perro para, así, no tener que tributar por ella.

Ahora, la mierdecita del Whatsapp ha descubierto todo lo ocurrido gracias a las diligencias abiertas por el juez Grande-Marlasca, de la Audiencia Nacional y admirador confeso de la víctima. En palabras del juez "No hay derecho a que jueguen así con los intereses y el futuro de un niño. Criatura icónica que, además, suelo emplear habitualmente en mis conversaciones por Whatsapp con el Ministro Gallardón".

Hemos intentado ponernos al habla con la mierdecita del Whatsapp y con sus padres, pero todos ellos han declinado nuestra oferta. Lo único que nos ha hecho llegar la protagonista de esta horrible historia es un mensaje, importante según ella, y que reproducimos íntegramente: "No soy de Whatsapp, la gente me utiliza en Whatsapp pero no soy de Whatsapp. Formo parte de la colección de iconos Emoji de iOS, el sistema operativo de Apple para dispositivos móviles". -Pues muy bien, criatura, lo que tú quieras, pero para nosotros siempre serás La Mierdecita del Whatsapp.