No More Woof, el primer traductor para ladridos de perros

No more woof, traductor perros

No More Woof (No más ladridos) es un proyecto de la Sociedad Nórdica para la Invención y el Descubrimiento, que aplica la tecnología más puntera en microcomputadoras y electroencefalogramas en lograr reconocer los ladridos y las señales eléctricas de los cerebros de los caninos y ser capaces de reconocer sus pretensiones y traducirlas en palabras. 

La pregunta clave fue: ¿qué está diciendo un perro cuando ladra? “Comenzamos a identificarlo”, cuenta un portavoz del laboratorio. “Y fue más sencillo de lo que se podía pensar. Simplemento hemos utilizado tecnologías ya existentes para un nuevo área”. 

A través del espectro de patrones específicos con los que la mente define las emociones de los animales y los humanos, se pueden identificar algunos sentimientos como el cansancio, el enfado, el hambre o la curiosidad. 

En nuestro invento, unos encefalogramas graban estas ondas mientras que una interfaz cerebral computarizada las convierte en palabras usando Raspberry Pi”. 

Sus primeros prototipos del traductor de ladridos los equiparon con bocinas que pitaban cuando identificaban alguno de esos sentimientos, y más tarde pudieron sustituir esos pitidos por palabras inteligibles. 

Aunque de momento su traductor de ladridos sólo logra hacer que los canes hablen en inglés y con una misma voz, ya están trabajando en diferentes alternativas para lograr diferentes timbres y géneros según la raza y la personalidad de cada animal, y están desarrollando diferentes versiones en español, francés y chino mandarín. 

Por el momento, a juzgar por las aportaciones que está realizando el público para No More Woof a través de la plataforma de crowdfunding Indiegogo, parece que a la sociedad le ha interesado mucho la ocurrencia de este traductor para perros.

La intención de estos emprendedores es que de aquí a poco tiempo su tecnología esté suficientemente desarrollada para dar un nuevo paso en la relación generalizada del hombre con su mejor amigo.

Fuente: Yorokobu.es