WhatsAppitis: adictos a WhatsApp

WhatsAppitis : adictos a WhatsApp

WhatsApp podría definirse como una aplicación que sirve para enviar mensajes de texto gratis a través de la Red, sin tener que usar la línea de voz como los sms. Pero en realidad es más, mucho más…

Si echamos la vista atrás, nos daremos cuenta de que en los últimos años WhatsApp se ha ganado un lugar en nuestros móviles, en nuestras vidas, mucho más importante de lo que habían conseguido hacerlo los mensajes de texto del pasado.

Y es que, tal y como señala un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el 96,4% de los españoles usa WhatsApp. Un porcentaje mucho más que llamativo, si tenemos en cuenta que el resto de aplicaciones de mensajería instantánea, como Telegram, Line, Snapchat, Skype o incluso el chat de Facebook, no llegan ni a un 1% cada uno.

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Asimismo, los datos del estudio Control de Movilemia apuntan que tenemos una gran dependencia del móvil, ya que el 55% de los españoles come con el móvil a su lado, un tercio se lo lleva al baño y sólo un 25% lo apaga cuando está con su pareja.

Estos datos dejan más que evidente que estar disponibles, es decir, la conectividad es algo sumamente importante para nosotros en la actualidad, algo a lo que ayuda WhatsApp.

Es más, casi podríamos decir que aquellos que aún no lo tienen instalados en sus dispositivos móviles no participan tan activamente en las relaciones sociales. De todo esto se deduce una pregunta: ¿somos adictos a WhatsApp?

Quién utiliza WhatsApp

Esta fiebre por la conectividad, por WhatsApp, ha sido bautizada como WhatsAppitis. Un ejemplo que dejaría más que evidente esta adicción es el hecho de que muchas personas aseguran que chequean sus móviles periódicamente por si han recibido un mensaje de WhatsApp, y sostienen que después de un tiempo sin utilizar esta app ellos mismos inician una conversación con uno de sus contactos. 

En definitiva, es una necesidad. Una tendencia que también refleja la encuesta realizada por el CIS, ya que revela que 9 de cada 10 ciudadanos (90,5%) ha utilizado su teléfono móvil para hacer llamadas o enviar mensajes por sms o vía WhatsApp en los últimos seis meses, y que de estos la mitad (46,7%) hacen entre 1 y 3 llamadas diarias, la mayoría (70,1%) para hablar con familiares sin un motivo específico.

adictos a Whatsapp

Pero aún hay más, ya que el WhatsApp es el vehículo más utilizado para ponerse en contacto con ellos. No en vano, el 73% se considera “bastante” o “muy habilidoso” con el uso de esta aplicación.

Por otro lado, el estudio del CIS también advierte que la mayoría de los usuarios considera que por culpa de estas tecnologías ha disminuido la protección de la intimidad (78,2%), la comunicación entre padres e hijos (56,1%) y la influencia de los padres sobre la educación de sus vástagos (50,5%), además de haber ayudado a aumentar los conflictos dentro de las familias (39,1%).

Los síntomas de la WhatsAppitis

La conclusión de todos estos datos no puede ser otra: WhatsApp es una aplicación que puede generar una profunda adicción, una conducta que no siempre es positiva. Muchos expertos coinciden en esto. Pero ¿a partir de cuándo se puede hablar de WhatsAppitis?

Tal vez el punto de inflexión se encuentre en el hecho de que al recibir un WhatsApp verlo se convierta en la principal prioridad de ese momento.

Esto, sin duda, puede tener consecuencias en nuestro trabajo, en las relaciones y en otras facetas de nuestra vida, como el hecho de perder capacidad de concentración. Por este motivo, un uso excesivo de esta aplicación puede llegar a ser incluso peligroso, sobre todo si se consulta mientras se conduce o incluso mientras se camina. 

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De acuerdo al Instituto de Transporte de Virginia Tech, para los camioneros, esta práctica aumenta 23 veces el riesgo de accidentes. En otro estudio de la Universidad de Utah se determinó que el envío de mensajes de texto detrás del volante aumenta 6 veces el riesgo de accidentes. 

Vibraciones fantasma

Esto ha llevado a que en algunas ciudades en Estados Unidos se prohíba escribir con el móvil incluso mientras se anda por la calle. Pero, ¿cuáles son los síntomas de la WhatsAppitis?

Si estamos pendiente todo el rato de recibir nuevos WhatsApp, miramos de forma obsesiva el doble check para ver si se han leído los mensajes enviados y padecemos el síndrome de las conocidas como “vibraciones fantasma”, podemos afirmar sin ningún tipo de duda que no podemos vivir sin WhatsApp. 

Uno de los primeros síntomas en aparecer es el acto reflejo de mirar el móvil para ver si hemos recibido un nuevo mensaje. En el trabajo, en casa, en el cine, en la cama… cualquier lugar es bueno para estar siempre hiperconectado.

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Si esto, además, se suma al hecho de sentirse desanimado cuando no se recibe ningún mensaje, el diagnóstico está claro, somos adictos a WhatsApp. Si presentamos la necesidad imperiosa de formar parte de una conversación de WhatsApp, no cabe duda de que nuestra manera de relacionarnos con el mundo ha cambiado y que se canaliza únicamente a través de esta herramienta. 

Lenguaje propio

Y es que en la actualidad todos le otorgamos el mismo valor a una conversación a través de WhatsApp que a una interacción cara a cara. Esto es algo totalmente incorrecto y negativo, según los psicólogos.

No en vano, las conversaciones que tenemos con esta herramienta no siempre se entienden bien, porque pierden la riqueza del lenguaje gestual y no transmiten el mensaje completo que queremos hacerle llegar a nuestro interlocutor.

El otro gran acto reflejo que nos señala nuestra adicción es la repetida comprobación de la aparición del doble check después de enviar un WhatsApp a alguien.

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Mandamos el mensaje, esperamos un rato y, si no aparece este símbolo al momento, lo buscamos repetidamente una y otra vez. Hasta hace poco se creía que si veíamos el doble check quería decir que la persona había leído nuestro mensaje, pero no es así, estos pequeños símbolos verdes sólo nos indican que el mensaje ha sido entregado, no leído.

Este mal entendido se ha convertido en un clásico problema que ha derivado en multitud de ocasiones en discusiones entre amigos y parejas. Llegar a este límite no hace más que reafirmar nuestro uso obsesivo de esta herramienta. 

Sin embargo, la lista de síntomas de esta adicción no acaba aquí, si no que a los anteriores referidos tenemos que sumar el conocido como “vibración fantasma”. Esto no hace alusión a otro fenómeno que al de sentir que nuestro móvil ha vibrado al recibir un mensaje de WhatsApp, cuando en realidad no lo ha hecho.

Este síntoma es tan común en nuestra sociedad tecnológica que la Sociedad Británica de Psicología ha hecho un estudio que analiza este caso. 

La aparición de la llamada “vibración fantasma”, además, tal y como indica la investigación, viene normalmente acompañada de algunos episodios de estrés, que van en aumento en intensidad cuántas más veces miremos el móvil para comprobar si nos ha llegado realmente un mensaje o no.

Medidas preventivas

El caldo de cultivo de la adicción a WhatsApp aumenta con el problema añadido de que en la sociedad actual los smartphones están implantados en nuestro día a día, por lo que mantenerse alejado de la tentación es una tarea casi imposible.

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Más que de una adicción a WhastApp es necesario hablar de una dependencia emocional y social al hecho de estar disponible en cualquier momento, tal y como señalan psicólogos como Fernando Cobo, del Centro Menni Vallecas Hermanas Hospitalarias.

Por ello, para evitar un mal uso de esta aplicación primero tenemos que marcar ciertos límites de privacidad, para después iniciar algunas estrategias. Lo mejor es ocultar la hora de nuestros mensajes, así nadie sabrá a qué hora los hemos enviado y no sentiremos la presión por contestar inmediatamente, y bloquear o eliminar aquellos contactos que nos escriben sin parar.

También convendrá que abandonemos también los grupos de WhatsApp que ya no nos interesen, de esta forma no nos sentiremos tan agobiados por mensajes innecesarios. Y es que no tomar estas medidas, puede acabar produciéndonos otros problemas más graves como las interferencias en los ciclos de sueño y dificultades para desarrollar habilidades sociales.

Pero todo tiene solución, si nos ponemos en manos de los expertos, como podemos ver en el vídeo “Una visión cercana de la enfermedad mental”.

No hay mejor remedio que una buena prevención. Usar sí, pero con moderación.