¿Nube pública o nube privada?

¿Nube pública o privada? ¿En qué lugar guardas tu información?

Sea en la nube pública o en la nube privada, cada vez necesitamos guardar más información. Reunimos datos sobre nuestro trabajo, nuestras vidas, nuestra economía... y también sumamos fotografías y vídeos familiares, archivos multimedia de todo tipo... necesitamos mucho espacio y, sobre todo, necesitamos estar seguros de que nuestra información esté ahí pase lo que pase y solamente seamos nosotros quienes puedan acceder a ella.

La oferta de servicios de almacenamiento es grande y creciente. Los populares Dropbox, Google Drive o Microsoft OneDrive regalan un espacio de tamaño variable y permiten aumentarlo mediante ofertas de suscripción a su servicio. Pero mucho son los que desconfían de tener allí sus datos más íntimos.

Por otra parte, la creación, configuración y gestión de una nube doméstica o para una pequeña empresa proporciona más privacidad, pero parece necesitar de unos conocimientos que se antojan un obstáculo insalvable. ¿Es cierto eso? 

Repasemos las opiniones de nuestros redactores y encontraremos puntos de vista a favor y en contra de ambos argumentos:

 

Sinceramente, teniendo en cuenta la cantidad de ofertas que hay entre los servicios de nube pública, no considero que la nube privada tenga más ventajas. Como siempre, me pongo en la piel del usuario medio, al que hay que dárselo todo mascadito y sin grumos. Este tipo de público es predominante y creo que no se encuentra preparado a día de hoy para configurar y mantener una nube privada.

Ahora la nube es algo cada vez más común y a lo que la gente terminará por acostumbrarse. Todo este público sin conocimientos tecnológicos acudirá a los proveedores de espacio Cloud, cuya oferta crecerá y será accesible para todos. Este crecimiento sería algo positivo, ya que les permitiría invertir en campos que a la larga terminarían por beneficiar al usuario, como I+D o seguridad.

En resumen: puede llegar el día en que la nube privada predomine, y que cada usuario tenga los conocimientos y capacidad para gestionar su propio almacenamiento online, pero hoy no es ese día. Hoy contrataremos.

 

Ni nube pública, ni nube privada. Lo más oportuno, eficiente y, a la larga, "barato" es la nube híbrida. De esta manera, aquellos datos, programas, contenidos confidenciales, o con un mayor nivel de importancia podrían almacenarse en la nube privada, con la ventaja de tener un mayor control y seguridad; mientras que el resto de contenidos podrían almacenarse en la nube pública, aprovechándose así de su rentabilidad, sencillez y eficiencia.

Si por temas de seguridad no terminas de fiarte de la nube pública pero la adquisición de una nube privada está lejos de tu alcance, este tipo de alojamiento supone un más que decente equilibrio entre coste y control.

 

Personalmente me quedo con la nube privada, en gran medida porque soy muy cómodo y me gusta que me lo den todo hecho, aunque también hay otros factores.  No suelo guardar archivos de relevancia ni excesivamente personales, esos los almaceno en discos físicos externos, por lo que los problemas de privacidad de la nube pública no me preocupan en exceso. 

Tampoco necesito mucho espacio, y me puedo manejar sin problemas unificando los espacios gratuitos de las diferentes nubes. La nube privada es un concepto interesante pero tengo claro que, al menos de momento, no para mí.

 

Algunas de las ventajas de la nube privada (por ejemplo con un NAS) es que el usuario tiene todo el control sobre sus datos y puede optar fácilmente, si lo necesita, por más espacio. Sin embargo, para poder escoger este tipo de nube es necesario, entre otras cosas, tener los conocimientos necesarios para poder configurarla y gestionarla de la manera adecuada.

En el caso de la nube pública, el usuario puede optar por distintos servicios de almacenamiento gratuito, pero si necesita más espacio extra, normalmente esto le supondrá un coste anual. No obstante, para poder gestionar este tipo de nube, no son necesarios conocimientos técnicos por parte del usuario. Sin embargo, no hay que olvidar que los archivos y la información hay que dejarla en un sistema de terceros, fuera de nuestra gestión directa.

 

Si analizamos la nube privada y la nube pública vemos ciertas diferencias. Aparte del coste evidente (siendo la nube privada mucho más cara) creo que el respaldo que ofrecen las empresas de nubes públicas es más eficiente que el que pueda recibir una compañía con una nube privada. 

Ante una posible caída de servidores, la compañía con nube pública ofrece un respaldo para que el acceso a la información online esté siempre disponible, mientras que las organizaciones con nube privada tienen más problemas al tener que contar con terceros para resolver el problema.

 

Hace poco más de un año, tenía distribuidas mis fotos, vídeos y archivos por varios servicios gratuitos: Dropbox, Drive, OneDrive... funcionaban razonablemente bien, pero la limitación de espacio –que, antes o después sufrirás a medida que sigas apilando reportajes fotográficos y vídeos de dudoso interés– y cierto recelo ante la idea de que otros sean quienes guarden las fotos de mis hijos en bañador, me hizo decidirme por un NAS.

Enchufar y ponerlo a punto fue cuestión de minutos y enseguida se ha convertido en un miembro importante de la familia: mis hijos reproducen desde uno de sus discos duros sus programas de televisión, mi mujer accede sin problemas a sus documentos cuando está de viaje y yo estoy tranquilo de tener todo a mano, con un cómodo acceso y un nivel de seguridad bastante razonable.

Y, si quiero más servicios y prestaciones, el software incorporado en el NAS me da más posibilidades que cualquier servicio cuya cuota de suscripción, además, a estas alturas casi he amortizado.