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Cómo el cine manipula tus sentimientos a través del color

Cómo el cine manipula tus sentimientos a través del color

18/06/2016 - 18:42

En un caserón antiguo, una niña indefensa escucha un misterioso ruido al otro lado del pasillo. Por alguna razón está sola, la cámara se acerca a su inocente rostro y una incómoda musiquita de violines nos avanza que algo terrible va a suceder.

La música es un poderoso elemento del lenguaje audiovisual, a menudo se lleva todo el reconocimiento, pero no es la única técnica que emplean los cineastas para manejar nuestras emociones. Los colores están ahí, comunican y transmiten también.

Se llama gradación digital y consiste en modificar o alterar los colores de una escena para conseguir un impacto visual determinado. Probablemente ese caserón antiguo os lo habéis imaginado con colores fríos, azules y violetas. Esto no es casualidad.

Existe toda una teoría del color que los cineastas aprenden a dominar. En Occidente, el color blanco tiene connotaciones de pureza, pero en Japón, por ejemplo, es el color de la muerte y la putrefacción. El verde nos recuerda a la naturaleza y a la salud, pero depende de su intensidad puede evocarnos química y toxicidad. Así funciona el color en el cine.

El círculo cromático ayuda a combinar los colores para destacar aquello que debe ser destacado. Un personaje en primer plano con un tono anaranjado destacará sobre un fondo azul. Los espectadores no serán conscientes, pero sabrán que ese personaje es lo importante de la escena y que deben prestarle atención.

El Señor de los Anillos es un buen ejemplo de película tratada con gradación digital. Probablemente en sus nueve horas de metraje no hay un solo minuto sin colorear. El predominio de los tonos dorados transmiten al espectador la sensación de estar siendo testigos de un hecho histórico y milenario.

En el cine americano es común lo que se conoce como “imagen lavada”. Escenas con mucha luz y colores desaturados, es decir, colores a los que les falta fuerza y brillo. Esto hace las imágenes más amables de ver, más cómodas de observar.

Por otra parte, los colores vivos son propios de directores con un carácter singular y un estilo muy marcado, como Wes Anderson, Pedro Almodóvar, Kubrick o David Lynch, entre otros.

No se trata tanto de gustos como de emociones. Todos poseemos esa sensibilidad y el cine juega con nuestras emociones a través del color. No solo está la música, el encuadre o el ángulo del plano, a veces una simple tonalidad, un filtro casi imperceptible en la imagen, puede ponernos la piel de gallina, hacernos volver a la infancia o soñar con mundos imposibles.

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