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Este edificio no necesita puertas: se pliega como un libro por las noches, sin necesidad de motores

Sinagoga de Babi Yar

Manuel Herz Architects

09/11/2021 - 23:12

Esta sinagoga ucraniana es la única del mundo que no tiene entrada. Se abre y se cierra como un libro, según se necesite.

El 29 y el 30 de junio de 1941, en el barranco de Babi Yar, en Kiev (Ucrania), se produjo una de las masacres más aterradoras de la historia.

En solo dos días los nazis asesinaron a 35.000 judios de Kiev. En los siguientes dos años, la cifra aumentó a más de 100.000 víctimas, incluyendo prisioneros soviéticos, gitanos, y nacionalistas ucranianos. Eligieron el barranco de Babi Yar porque podían deshacerse de los muertos sin necesidad de cavar tumbas.

80 años después, allí se se erige la Sinagoga de Babi Yar, única en el mundo: es la única sinagoga plegable.

VIDEO

[CH] El edificio plegable

Después de la guerra, las autoridades soviéticas intentaron olvidar la masacre en Ucrania, acondicionando el barranco de Babi Yar.

La Fundación Memorial del Holocausto de Babi Yar no quería que se olvidase lo que había pasado, así que encargó al estudio de arquitectos suizo Manuel Herz Architects la construcción de una sinagoga.

Construida con madera autóctona de la zona con 100 años de antigüedad, conecta con los habitantes del lugar, unos años antes de que fueran asesinados.

El diseño interior es un homenaje a las sinagogas ucranianas que fueron destruídas en los siglos XVI y XVII, y en el techo se muestra la constelación de estrellas que había en el cielo el 29 de septiembre de 1941, el día de la primera masacre.

Sinagoga plegable

Lo más asombroso de este edificio es que es plegable como un libro, sin usar ningún tipo de motor.

Los propios feligreses hacen girar una especie de rueda para que unos engranajes desplacen los laterales de la sinagoga, plegándola por completo.

El atrio y los asientos de oración, así como el techo, también se esconden en el interior de la pared. Una especie de libro pop-up gigante de 15 metros de altura.

Cuando la sinagoga está cerrada, el espacio que ocupaba se convierte en una plaza en donde se puede disfrutar del paisaje, y meditar sobre lo ocurrido hace 80 años.

Los niños prefieren jugar, despreocupados, corriendo por la plaza mientras persiguen los pájaros que se posan al calor del sol.

Su inocencia es nuestra esperanza de un futuro mejor.

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