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La fructosa altera genes que pueden producir enfermedades

fructosa

22/04/2016 - 17:53

Un estudio revela que la fructosa altera cientos de genes que pueden producir enfermedades cardiovasculares, diabetes o Alzheimer, entre otras patologías.

La fructosa, una forma de azúcar que se encuentra en la miel, las frutas y los vegetales, se emplea como edulcorante en infinidad de alimentos y bebidas. Tradicionalmente se había considerado más saludable que la glucosa, pero en los últimos años muchos científicos han señalado que un consumo elevado puede tener efectos perjudiciales para el organismo.

Ahora, un nuevo estudio de la Universidad de California en Estados Unidos revela que la fructosa altera cientos de genes que pueden provocar diversas patologías, como la diabetes, el Alzheimer, el trastorno de hiperactividad con déficit de atención o enfermedades cardiovasculares

Para comprobar los efectos de la fructosa, los científicos realizaron ensayos con ratas. Secuenciaron más de 20.000 genes en los cerebros de los roedores y se identificaron más de 700 en el hipotálamo (el centro de control metabólico del cerebro) y más de 200 genes en el hipocampo (que ayuda a regular el aprendizaje y la memoria) que habían sido dañados por la fructosa. 

De entre estos 900 genes alterados, los investigadores hallaron dos en particular, llamados Bgn y Fmod, que parecen ser de los primeros que son afectados por la fructosa. Una vez que se alteran los genes, se puede desencadenar un efecto de cascada que finalmente daña otros cientos.

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Sin embargo, el estudio no sólo tiene malas noticias. Los investigadores han descubierto que el ácido docosahexaenoico (DHA) puede revertir algunos de los cambios perjudiciales que la fructosa ocasiona en los genes. "El DHA no sólo cambia uno o dos genes, sino que parece hacer que todo el patrón genético vuelva a la normalidad", señala Xia Yang, autora principal del estudio. 

El DHA es un ácido graso esencial poliinsaturado de la serie omega-3 que se encuentra en el salón salvaje, el aceite de pescado, algunas algas y frutos como las nueces o las semillas de lino. Se produce de manera natural en las membranas de las células cerebrales, pero en una cantidad insuficiente como para ayudar a combatir las enfermedades, por lo que su aporte tiene que venir principalmente de la dieta. 

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