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Invenciones y controversias: el lío de las cápsulas de café

Los famosos K-pods no son reciclables
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05/03/2015 - 23:52

El café de cápsula ha sido objeto de controversia por su sabor y su impacto ecológico, y ninguna opción de porción única ha sido más polémica que las famosas K-Cups de Keurig.

Por un lado está la conveniencia: insertar una cápsula, apretar un botón y segundos más tarde puede disfrutar de su café caliente. Por otro, sin embargo, hay interrogantes en torno a la frescura, la poca capacidad de reciclaje de las cápsulas y, sobre todo en el caso de Keurig, el uso de patentes y DRM para obligar a los consumidores a usar una sola marca.

Incluso el tipo que creó las K-Cups en primer lugar, ahora lo lamenta.

John Sylvan creó Keurig, las primeras cápsulas de café estadounidense, en 1990 con compañero de la universidad, Pedro Dragone, con la idea de que las "monodosis" de café tendría un impacto importante en entornos de oficina.

El público objetivo era el personal de oficina que quisiera pasar por alto su habitual Starbucks y, en su lugar, tomar una taza de café rápida cuando llegaran a su escritorio, dijo Sylvan a CBC News. De hecho, de haber sido así, el inventor argumenta que podría haber sido una ganancia neta para el medio ambiente.

"Eso haría respetando el medio ambiente porque no tendrías esos vasos de Starbucks por todas partes", añadió. En cambio, la facilidad de uso, y la ausencia de limpieza después, tocaron una fibra sensible en los usuarios domésticos y las máquinas K-Cup comenzaron a aparecer en los mostradores de cocina.

Las cápsulas mismas son sorprendentemente complejas, cada una compuesta de cuatro capas de un plástico diferentes. Eso tiene un efecto en cadena en cuanto a lo que se puede hacer con las ​​K-Cups usadas, que no pueden ser recicladas en la actualidad.

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Sylvan vendió su participación en Keurig en 1997, ganando unos 50.000 dólares en el proceso. Hoy día, la compañía se ha convertido en un negocio de 5.000 millones de dólares al año, bajo el mando de Keurig Green Mountain.

Para Sylvan, el precio por taza y la huella ambiental es lo que más le molesta. Aunque Keurig Green Mountain insiste en que tendrá K-Cups reciclables en el mercado para 2020, el inventor permanece escéptico, argumentando que no ve la forma en que un producto de este tipo podría desarrollarse.

Keurig se encontró sujeta a críticas y la ira de los consumidores el año pasado, cuando reveló que sus cápsulas "K-Cup 2.0" cambiarían a un sistema que incluye DRM para que sólo se pudieran adquirir a través de proveedores oficiales.

Por supuesto, el mercado informal se encargó de buscarle la vuelta al problema, diseñando productos como el llamado Freedom Clip que evade el bloqueo de las 2.0.

Mientras que las ventas de las cafeteras de goteo están estancadas, las ventas de máquinas de café de cápsulas se han multiplicado por seis desde 2008.

Mirando hacia atrás a su invento, en medio de la creciente condena pública a las K-Cups como una plaga para el planeta, Sylvan dijo: "Me siento mal, a veces, de haberlas hecho".

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