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Los perros han desarrollado un nuevo músculo facial para manipular a los humanos

Perro

29/06/2019 - 10:46

Tu perro te manipula. Seguramente es algo que ya habías comprobado por tu cuenta, pero ahora tenemos una confirmación científica. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Portsmouth asegura que los perros han desarrollado un nuevo músculo facial para manipular a los humanos.

La prueba de que es una evolución tardía es que este músculo no lo poseen los lobos, los antepasados de los perros domésticos que se separaron hace unos 30.000 años.

Según este estudio, los perros domésticos han desarrollado un músculo completamente nuevo en la parte inferior de los ojos, junto a la ceja. Este músculo baja más la ceja inferior y hace que los ojos se vean más grandes, como los de un niño. Además, en cierto tipo de miradas hace que los perros parezcan más tristes.

Según la veterinaria Bridget Waller, coautora del estudio, los perros utilizan este tipo de mirada para manipular a los humanos, poniendo caras de pena o pareciendo más cachorros de lo que en realidad son para obtener más cariño, comida, o sencillamente conseguir lo que quieren.

El descubrimiento se ha llevado a cabo gracias a un estudio anterior que examinaba los perros que eran adoptados en las perreras, y devueltos al cabo de un tiempo. Los investigadores descubrieron que los perros que sabían hacer gestos de pena, los devolvían a la perrera con menos frecuencia. 

Analizaron los músculos faciales y descubrieron que uno de ellos, llamado levator anguli oculi medialis, era el responsable de que los perros abrieran más los ojos y pudieran poner caras más tristes. Eso les llevó a pensar que quizá era una evolución propia de los perros domésticos, así que analizaron los músculos faciales de los lobos, y descubrireron que prácticamente ningún lobo poseía este músculo, y casi todos los perros lo tienen.

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Los responsables del estudio creen que este músculo lo han ido desarrollando los perros domésticos, para manipular a los humanos. Es una teoría doblemente fascinante. Primero, porque implica que existe en los perros un verdadero impulso genético de relacionarse con los humanos. Y segundo, porque se trataría de una evolución muy rápida para un elemento tan complejo, en solo 20.000 o 25.000 años. Este tipo de cambios anatómicos suelen tardar más de 100.000 años.