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La población de vida silvestre ha disminuido un 60% desde 1970

pingüino

30/10/2018 - 18:16

El informe Planeta Vivo 2018, un estudio elaborado periódicamente por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés), que analiza la biodiversidad, los ecosistemas y la demanda de recursos naturales en la Tierra, revela que la vida silvestre ha disminuido un 60% desde 1970. Estos preocupantes datos ponen de manifiesto la amenaza que suponen los seres humanos para la vida animal y vegetal.

En concreto, el informe muestra que las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios han bajado una media del 60% entre 1970 y 2014. Además, se estima que en los últimos 30 años se ha perdido aproximadamente la mitad de los corales, y en solo 50 años ha desaparecido una quinta parte del Amazonas. 

Como seguro que ya te debes estar imaginando, la principal amenaza para el planeta no es otra que la especie humana. De acuerdo con el estudio, la actividad de las personas es lo que está poniendo en jaque a la naturaleza.

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Lo que ocasiona más daño a las especies es, por un lado, la pérdida y degradación de su hábitat, que se destina a diferentes actividades humanas, como la alimentación o la explotación de las materias primas. Por otro lado, otro factor que contribuye a la desaparición de la vida silvestre es el abuso de los recursos naturales, como la pesca o la caza excesivas. 

"Los sistemas naturales esenciales para nuestra supervivencia - bosques, océanos y ríos - siguen en declive. La vida silvestre en todo el mundo sigue disminuyendo. Nos recuerda que tenemos que cambiar de rumbo.", explica Carter Roberts, presidente y CEO de WWF en Estados Unidos. "Es hora de equilibrar nuestro consumo con las necesidades de la naturaleza, y proteger el único planeta que es nuestro hogar".

WWF señala que todavía estamos a tiempo para evitar que la acción humana continúe acelerando la disminución de la vida silvestre y el cambio climático. Pero para ello es importante que cambiemos el chip y promovamos políticas que favorezcan un futuro sostenible, como la reducción de las emisiones de carbono, la prevención de la pérdida de hábitat o la conservación de los recursos naturales, como los bosques y los océanos. 

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