Poner límites a Internet, un asunto de energía o muerte

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Poner límites a Internet, un asunto de energía o muerte

Ahorrar energía es importante, lo sabemos cuando hablamos de esta y de aquella industria, del impacto medioambiental y de otros tantos temas a debate. Ahora bien, poner límites en Internet es, como mínimo, desagradable de imaginar.

¿Cuánta energía consume Internet? Es quizás el primer obstáculo en esta cuestión porque no es fácil obtener una cifra. A menudo los estudios se limitan a medir la actividad en las granjas de servidores o en otras infraestructuras muy concretas.

Un informe de 2012 sitúa la cifra en 1.815 TWh al año, lo que supone un 8% de la producción total. Esto representa tres veces la energía generada por todas las plantas solares y eólicas del mundo.

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Otro obstáculo es que el resultado de cualquier estudio caduca pronto. Se calcula que para el año 2017 Internet consumirá 2.547 TWh al año en el mejor de los casos y 3.422 en el peor escenario. Hablamos de que el consumo se duplicará en cinco años en el mejor de los casos y en solo dos años en el peor.

¿Cómo es posible? Es cierto que nuestra tecnología es hoy mucho más eficiente que la del pasado. Los procesadores primitivos eran mil veces menos eficaces que los actuales pero, paradójicamente, la eficiencia energética es también responsable de la expansión tecnológica.

Nuestra sociedad ha sido colonizada por multitud de dispositivos y, aunque el bit nos sale hoy mucho más “barato” que hace unos años, el volumen de información digital cada vez es mayor.

Más allá del tamaño de los archivos, el WiFi consume más energía que el LAN. A su vez, la red 3G consume 15 veces más que el WiFi y el 4G hasta 23 veces más. Por lo tanto, los smartphones, con su fama de eficientes, mueven más energía computacional que muchos dispositivos.

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El creciente volumen de información que se comparte de manera online y la falta de estudios rotundos al respecto hacen sospechar del consumo energético de Internet.

Internet requiere vatios desde la fabricación de los dispositivos y sistemas, hasta el uso de los mismos. Sin embargo, la cuestión de fondo es que Internet está cambiando nuestros patrones de conducta y mantenerlos requiere cada día más y más energía.

Recordemos que solo el 40% de la población mundial tiene acceso a Internet y estamos de camino al llamado “Internet de las cosas”. En otras palabras, no parece haber ni freno ni vuelta atrás, el consumo energético sigue una tendencia exponencial de la que tendremos que hablar seriamente en un futuro próximo. ¿Pondremos límites a Internet?

Fuente: [lowtechmagazine]