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Sí se puede: así ha reducido China la contaminación en un 32%

Las medidas anticontaminación de China, todo un éxito.

14/03/2018 - 12:51

La contaminación es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos a nivel mundial, y no sólo por su efecto en el calentamiento global y el cambio climático, sino por lo que significa para la calida de vida de las personas. Algunos gobiernos se toman a pecho la amenaza y otros no. Entre los del primer grupo está el de China, que ha reducido la contaminación de forma drástica en sólo cuatro años.

En 2014 se anunció un Plan Estatan para reducir la polución en el país asiático, en particular en la grandes ciudades, las más perjudicadas por las partículas contaminantes en suspensión. Todos han visto las espectaculares fotos del smog que recubre Pekín pero ¿cómo ha logrado China reducir en sólo cuatro años la contaminación?

Las cifras no son precisamente discretas, según señala The New York Times: un 35% menos de partículas nocivas en Pekín y un 25% menos en su área metropolitana. En otras ciudades costeras la reducción ha llegado al 39%, todo un hito en un plazo tan corto de tiempo.

Teniendo en cuenta que estas partículas provocan problemas respiratorios -incluso en personas que no padecen afecciones pulmonares-, mayor mortalidad infantil y cientos de miles de muertes prematuras al año, reducir su presencia en el aire que respiran los ciudadanos se traduce automáticamente en más años de vida y de mayor calidad.

Pero, volviendo a la pregunta principal, ¿qué medidas contra la contaminación ha tomado China?

Medidas de choque directas al corazón de la contaminación

¿Qué es lo que más contamina? Los coches por una parte y la producción de energía eléctrica por otra. Por eso China ha atacado directamente a estas dos fuentes de polución, y lo ha hecho de forma muy agresiva.

Se ha limitado la circulación de vehículos con motor de combustión por las principales ciudades del país, ya sea de forma temporal o permanente. Se reduce su cantidad especialmente en los días en los que se detectan más particulas nocivas de la cuenta, un auténtico reto en un país con urbes que superan ampliamente los 10 millones de habitantes.

Para lograr este objetivo sin provocar un auténtico caos circulatorio y de movilidad, ha sido necesario invertir mucho dinero, pero eso no es un problema en la China actual. Sólo en Pekín se calculan 120.000 millones de dólares de inversión en los últimos cuatro años.

Nuevas líneas de bus, metro y tren han conseguido amortiguar el golpe provocado por las restricciones al tráfico de vehículos particulares, uno de los motivos del éxito de las medidas anticontaminación en China. Claro está que no todos los países se pueden permitir tal inversión en infraestructuras.

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No obstante, hay otros fenómenos que han evolucionado de forma paralela, al calor de esta oleada contra la polución: la economía colaborativa. Del país asiático llegan a España constantemente algunas startups especializadas en este tipo de consumo compartido, sobre todo de alquiler de bicicletas.

Las bicis compartidas se han convertido en parte del paisaje de China, y ya lo hace en ciudades como Madrid, aunque las críticas les llueven de forma continua por los problemas generados ante el abandono de las bicis.

Por otra parte, la producción de energía vive un momento de transformación, como casi todo el la segunda mayor economía del mundo. De un modelo eléctrico basado en plantas de carbón, se pasa al gas, una energía más limpia, aunque también contaminante.

Por otra parte de invierte en energía solar fotovoltaica -y China tiene recursos y espacio para ello- y en nucleares. Al gobierno comunista del país no le ha temblado el pulso a la hora de ordenar la construcción de decenas de nuevas plantas nucleares, que se supone deben garantizar la independencia energética del país y proporcionar energía libre de particulas contaminantes.

No es la contaminación, es un cambio de modelo económico

Aunque las medidas anticontaminación emprendidas por China forman parte de una inciativa para reducir la polución, vistas en perspectiva forman parte de algo mucho más importante. Hace pocos días se suprimió la restricción de mandatos, así que ahora el líder puede gobernar de forma permanente.

Es sólo una muestra de hacia dónde se encamina China, una economía centralizada y controlada por el Partido Comunista que sin embargo muestra algunas de las características más agresivas de la economía capitalista de mercado.

Poco a poco el país se va transformando, y eso significa que pasa de generar crecimiento mediante la industria manufacturera del made in China para pasar a una economía de bienes y servicios. China ya no es productor -o al menos no exclusivamente- sino también consumidor, y eso ha sacudido algunos planes a nivel mundial.

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Una muestra de esta intención es el fin prematuro al programa de intercambio de basuras plásticas con países como España. China ya no quiere ser la fábrica del mundo y tampoco quiere ser el basurero: quiere mirar de tú a tú a las economías occidentales, con consumo, con innovación tecnológica pero sin ceder en su política de partido único.

Evidentemente, este giro de 180º en la evolución de todo un país es posible gracias a la peculiaridad china, es decir, el férreo control de la economía y la política por parte de un único partido. Es el Comité del Partido el que marca el ritmo y sus ciudadanos los que lo siguen -a ver qué remedio- hacia el objetivo marcado, que ahora mismo es generar crecimiento y bienestar sin depender excesivamente de terceros y sin generar más contaminación de la necesaria.

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