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El día en el que un vasco batió el récord mundial de alcoholemia

Control de Alcoholemia

14/09/2020 - 17:48

No sabemos si los tópicos son solo eso, o tienen una base real. Pero aquí tenemos una buena historia para los que piensan lo segundo: la del vasco que batió el récord mundial de alcoholemia y condujo más de 200 Kilómetros como si nada...

Dicen que los vascos están hechos de una pasta especial, y al menos esta divertida historia real que nos cuenta Top Gear, lo demuestra. Divertida porque nadie salió herido, pero es un tema muy serio que podría haber acabado en tragedia. La historia del vasco que batió el récord mundial de alcoholemia y aún así condujo 240 Kilómetros sin inmutarse...

Ocurrió en 2016, cuando un ciudadano vasco fue detenido por los gendarmes franceses en la localidad de Libourne, en la autopista A-89 que comunica Perigueux con Burdeos.

Encontraron el coche aparcado en un carril de emergencia, con signos muy evidentes de que el conductor estaba borracho. Signos que se confirmaron cuando se dieron cuenta de que no podía ni soplar en el medidor de alcohol en sangre. Así que lo llevaron al hospital. Y allí el correspondiente análisis de sangre reveló que tenía... ¡4,75 gramos de alcohol por litro de sangre!

Esta marca, en 2016, se convirtió en el récord mundial de alcoholemia registrado en un control de la policía.

Los registros superiores a 3 gramos de alcohol por litro en sangre son muy raros. Recordemos que la tasa máxima a partir de la cual llegan las multas, está en 0,5 gramos por litro.

Lo que los agentes no se explican es por qué este conductor vasco no entró en coma etílico, algo que suele ocurrir a partir de los 3 gramos por litro. Y más asombroso aún: estiman que había recorrido al menos 240 Kilómetros al volante completamente borracho para llegar a la localidad francesa de Libourne, aunque no pueden precisarlo porque él no se acuerda de nada.

El conductor recibió una multa, le retiraron el carnet de conducir durante 6 meses, y le prohibieron conducir en Francia durante 3 años.

Es una anécdota muy divertida si solo nos quedamos con eso, con la anécdota. Pero detrás hay una imprudencia temeraria gravísima, porque este conductor puso la vida de otras personas en un grave peligro.

Cuando se trata de conducir, beber alcohol no es una decisión personal. Afecta a la vida del resto de los conductores.