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Así son los influencers millonarios generados por ordenador

Snapchat Facebook Instagram

24/01/2019 - 19:45

Chiara Ferragni y Dulceida tienen competencia... y no es real. La última sensación en Instagram se llama Lil Miquela, una influencer virtual creada por CGI (Imágenes Generadas por Ordenador, en español) que ha conseguido que la startup que la creó, Brud, vaya alcanzar una ronda de financiación de 125 millones de dólares liderada por Spark Capital.

Esta joven estadounidense de raíces hispanobrasileñas tiene 19 años y vive en Nueva York, no tiene exigencias de guión que se salgan del presupuesto y está encantada de colaborar con marcas de la talla de Chanel, Fendi y Prada. Suele vestir de oscuro, aboga por los derechos de los transexuales y, sobre todo, es de lo más cool.

Pero es que además canta. De hecho, en 2017 lanzó su primer sencillo: Not Mine que, día de hoy, ya cuenta con más de 800.000 reproducciones en YouTube. 

Ella es solo la punta del iceberg, la primera que se hizo un hueco en este mundo de celebrities digitales. De hecho, ha llegado a ser tan relevante en el panorama de la moda internacional que Vogue le dedicó varias páginas en su número de septiembre, el más importante y esperado del año.  

En Brud están más que contentos con su éxito, y, por ello se esconden bajo un secretismo digno de película de espías. Obligan a sus empleados y marcas a firmar contratos de confidencialidad, pero por una buena razón: si no fuera así, "la magia alrededor de Lil Miquela se esfumaría". Y es que si, de verdad, se pusiera cara al creador de esta influencer —que podría ser la antítesis de esta celebrity— sus más de 1,5 millones de seguidores en Instagram empezarían a desaparecer.

De hecho, poco se sabe de esta empresa, más allá de que sus fundadores son Sara DeCou y Trevor McFedries y que en la compañía trabajan "ingenieros, contadores de historias y soñadores". Eso sí, en cuanto a números no van nada mal: la organización recaudó más de 6 millones solo el año pasado gracias a los inversores

Los orígenes de los influencers virtuales

Gorillaz

Sin embargo, aunque Miquela sea la celebrity digital más popular, todo comenzó mucho antes. Solo hay que echar un vistazo a la cultura popular para ver cuáles fueron los inicios de esta mezcla entre los influencers virtuales y tecnología. Los primeros experimentos comenzaron con Gorillaz — el grupo creado por Damon Albarn y Jamie Hewlett que lanzó su primer disco en el 2000.

Esta banda virtual de rock alternativo está formada por cuatro personajes ficticios de dibujos animados que llenan estadios enteros.

Tampoco hay que olvidar a Miku Hatsune, la estrella del K-Pop —en realidad es un sintetizador de voz— que ya cuenta con más de 100.000 canciones. Tal es la popularidad de esta cantante digital que el japonés Akihiko Kondo pagó 18.000 dólares por casarse con ella hace apenas un par de meses.

Y no es el único. Gatebox, la compañía creadora de este personaje y especializada en hologramas anime para el hogar, ha otorgado ya unas 3.700 licencias de matrimonios para sus clientes. Eso sí, ninguna es válida a nivel legal.

Lil Miquela no está sola: Blawko, Bermuda, Shudu y Noonoouri le siguen de cerca

Blawko Bermuda Miquela

De izquierda a derecha: Bermuda, Lil Miquela y Blawko

Business Insider España -

Instagram

"En 2019 y 2020 veremos muchos más influencers virtuales y no serán pocos los que quieran invertir su dinero en estos temas", señala Peter Rojas, colaborador de Betaworks Ventures a TechCrunch.

Y es que, aunque sea una tecnología que lleva mucho tiempo entre nosotros, lo cierto es que hasta ahora no se había pensado en ella para crear celebrities. De hecho, a raíz de Lil Miquela, han surgido otros muchos personajes que siguen el mismo principio: ser un influencer virtual

Entre ellos destaca Blawko, hermano virtual de Miquela. También ha sido creado por Brud en busca de diversificar su producto y así alcanzar al público joven y masculino. Y es que este hombre sin rostro es más dado a promocionar videojuegos y comida basura que marcas de moda.

Por otra parte está Bermuda, a la que han apodado la "mujer perfecta". Esta joven rubia de ojos azules nació para hacerle la competencia a la de Nueva York y, aunque se llevan fatal, es todo fachada — los dos personajes pertenecen al mismo estudio. Como curiosidad, su romance con Blawko da mucho que hablar en las redes.

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Otra de las influencers virtuales que más triunfan es Shudu, una supermodelo de facciones y cuerpo perfecto que ya cuenta con más de 154.000 seguidores en Instragram. Su creador, el fotógrafo Cameron-James Wilson, ha colaborado con varias varias marcas de moda y belleza, entre las que se encuentra Fenty Beauty, propiedad de Rihanna. "Estaba aprendiendo a hacer imágenes 3D, así que creé a la mujer más hermosa que pude", explicó a Metro en su momento.

En el lado opuesto del hiperrealismo de estas celebrities virtuales se encuentra Noonoouri, una muñeca parisina de ojos saltones que ya ha colaborado con Kim Kardashian, Versace, Moschino y Dior. Joerg Zuber, director artístico de la agencia de diseño y branding Opium, es el responsable de esta creación y confiesa que hizo el primer boceto de la misma hace 8 años. "No pretendo sustituir a las influencers reales, hay espacio para todos", destaca.

La ventaja: cero escándalos o excentricidades

Noonouri

Noonouri, en una campaña para Dior

Business Insider España -

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La ventaja que proporcionan estos personajes virtuales es clara: cero escándalos o excentricidades. Al contrario que muchas influencers, estos personajes están destinados a una vida online, por lo que no tienen salidas de tono y siempre representarán los valores de la marca. 

Solo hay que ver los contratos que se han roto a lo largo de los años porque una firma consideraba que la celebrity en cuestión realizaba un comentario que no les gustaba. A nivel internacional tenemos ejemplos como el de PewDiePie y Disney, ya que la marca decidió cancelar su colaboración con el youtuber por un chiste racista. En España está el caso de JPelirrojo y Nestlé de hace un par de años, cuando la firma decidió prescindir de sus servicios por unos tweets sobre un torero.

En este sentido, las influencers virtuales son más comedidas, además de que cuentan con un equipo detrás que puede modificar su imagen para adaptarla a la marca en cuestión.

Eso sí, no cuentan con la autenticidad y naturalidad de las personas reales, algo especialmente demandado por las compañías a los embajadores de marca. 

Aún así, parece que los usuarios conectan con estos influencers virtuales y, al final, eso prevalece sobre todo lo demás... por muy irreal que sea esa 'conexión'