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Inventos que fueron anticipados por la ciencia ficción

Robot trabajador

02/06/2019 - 10:06

La ciencia ficción no es solamente el género de las naves espaciales, también es el de las historias con las que se puede anticipar el futuro. Situaciones políticas, artilugios mecánicos, cambios sociales... Todo puede ser analizado e imaginado por este género. En este artículo os mostramos algunos inventos que primero fueron escritos por autores de ciencia ficción.

Que a la ciencia ficción también se le llame novela de anticipación no es casualidad. Desde que nació tiene sus dosis de ciencia y prospección y de cara a que lectores dejen volar la imaginación, los escritores han buscado la forma de sorprender con algunas ideas que han acabado hechas realidad.

Muchos de nuestros inventos aparecieron primero en novelas de ciencia ficción, los hay de grandes dimensiones y otros que son pequeños detalles que un día se le ocurrieron a alguien por casualidad y hoy los usamos sin prácticamente darnos cuenta.

Hemos preparado un listado con inventos que aparecieron en novelas de ciencia ficción, o al menos algunos de ellos. Los hay incalculables y seguro que muchos fueron reinventados y considerados como pioneros a pesar de haber aparecido en una obra anterior. Como ejemplo, la máquina del tiempo está considerada como un invento de Wells, pero el español Enrique Gaspar y Rimbau ya la utilizó antes en El Anacronópete.

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El submarino

ARA San Juan

Julio Verne inventó un enorme submarino en Veinte mil leguas de viaje submarino en 1870. Al conocido escritor se le atribuye también haber imaginado el primer viaje a la Luna, pero, sin duda, dentro de su imaginario y amor a la ciencia, el enorme submarino es su gran invento.

Aunque ya había pequeños submarinos por entonces, el de Julio Verne mostró una nueva perspectiva a la hora de planificar estos medios de transporte y se considera que el primer submarino de verdad, militar y útil, fue posterior: el del español Isaac Peral, poco antes de final de ese siglo.

Comandado por el Capitán Nemo, este submarino tiene hasta una enorme biblioteca y fue, realmente, el primero que nos viene a la memoria, una mansión bajo el agua al fin y al cabo.

Tendencias en redes sociales

Saber cuáles son los temas de los que se habla en redes sociales es algo a lo que nos hemos acostumbrado gracias a Twitter, pero en un libro de 1984 llamado Ora:cle ya encontramos un precedente similar.

Este libro es una historia de ciencia ficción muy divertida que se desarrolla integramente en el apartamento de un rascacielos, hogar de un ciudadano medio que por casualidad se transforma en el epicentro del planeta, a su pesar. 

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Como curiosidad, al principio de cada capítulo se muestra un listado con Las Diez Principales Noticias de la Última Hora en los periódicos, o lo que nosotros llamamos a día de hoy Tendencias.

Es una novela poco conocida y apenas leída incluso por el aficionado a la ciencia ficción en nuestro país: se editó hace décadas en una editorial hoy desaparecida. Pero os recomendamos que la leáis si podéis, es una locura muy divertida.

Satélite geoestacionario

Arthur C. Clarke fue el conocidísimo escritor de ciencia ficción que dio forma a la historia que adaptó Stanley Kubrick en 2001: Odisea en el espacio, además de un buen número de novelas entre las que se puede destacar Cita con Rama. Pero también fue un prestigioso comentador científico y amante de las ciencias que se graduó en matemáticas y física.

Aparte de ser uno de los primeros en hablar sobre ascensores espaciales, en un ensayo planteó los mecanismos necesarios para el uso de los satélites en órbita geoestacionaria que hoy nos sirven para telecomunicaciones.

Además, también existe el cinturón de Clarke, situado a 35.786 kilómetros sobre el nivel del mar en el ecuador, donde se consiguen las órbitas geoestacionarias.

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Ciberespacio

William Gibson dio el pistoletazo de salida al género ciberpunk en 1984 con su obra Neuromante. El autor, que todavía sigue en activo, dio forma a todo un imaginario tecnológico cuya terminología usamos habitualmente.

El ciberespacio es un espacio donde los datos y la información son representados mediante imágenes y que sirve como medio de comunicación que puede observarse en modo físico. Junto a él, Gibson inventó un buen número de términos representados como signos que sirvieron para narrar desde una nueva perspectiva más visual lo que serían datos.

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Puertas de apertura automática

Otro de los grandes nombres de la historia de la ciencia ficción fue H.G. Wells. Conocido por La guerra de los mundos o El hombre invisible, este autor también fue un apasionado de la ciencia y la predicción del futuro. 

Muestra de ello es otra de sus historias menos conocidas: Cuando el durmiente despierta. En la narración escrita en 1899 encontramos un despliegue imaginativo muy sorprendente, lleno de apuestas que pueden verse en nuestro entorno, como ciudades que funcionan a partir de la electricidad generada por molinos, y otras que suenan demasiado extrañas.

Una de las invenciones que está certificada como suya es la existencia de puertas que se abren y cierran solas cuando pasan los protagonistas. Casualidad, evidencia o detalle sin importancia, el caso es que aparecen. 

Second Life

Con Snow Crash volvemos al movimiento ciberpunk. Neal Stephenson ha sido un autor especialmente revolucionario en las últimas décadas y con esta novela dio una muestra de cómo ser macarra y visionario por igual.

En Snow Crash se habla del metaverso, un espacio de realidad virtual en 3D, el mundo ficticio en el que los humanos pueden usar avatares e interactuar con objetos, iconos y otros avatares. El entorno que crea Stephenson en su obra es urbano y hay usuarios que prefieren pasar el tiempo conectados a vivir su propia vida. Nos suena de algo, ¿verdad?

Puede que Stephenson no fuese el descubridor de la materia en cuestión, pero sí fue el que supo darle la forma con la que hoy comprendemos e interactuamos con juegos como Second Life.

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Virus informático

Antivirus

En 1975, uno de los escritores que mejor supieron averiguar cómo iba a ser nuestro presente, John Brunner, escribió El jinete de la onda de shock. En la novela describe la sociedad futura de 2010, en la que la cualquiera puede acceder a una red informática a través de su teléfono móvil. En esa situación ya asombrosamente prospectiva, también dio forma a un programa que inutilizaba y llenaba de datos extraños esta red. Un virus, vamos.

Este no fue el único acierto de John Brunner, el autor de una trilogía distópica muy interesante también imaginó en 1968 una especie de Unión Europea en la que los países del continente se aliaban a nivel político para ser más competitivos. Además, también predijo en ese momento que el gran rival comercial de Estados Unidos no sería la Unión Soviética, sino China.

Internet

En 1898, Mark Twain escribió una predicción que se asemeja al internet que conocemos en su breve historia From The ‘London Times’ in 1904

Este relato es de género negro y trata sobre el crimen cometido contra el inventor del dispositivo Telelectroscope. Para hacerse una idea de qué es este invento, es un aparato conectado por redes telefónicas a otras partes del planeta. Un teléfono mejorado donde se pueden ver las actividades que hacen otras personas e interactuar con ellos. A través de él se puede contactar con otras partes del mundo, descubrir otras vidas, charlar y abstraerse hasta en una celda, como le pasa al protagonista.  

Aunque la historia es bastante menor, aquí queda la anécdota del autor de Las aventuras de Huckleberry Finn.

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Brazo mecánico

Waldo es la corta historia de Robert A. Heinlein escrita en 1942 donde aparece por primera vez un brazo mecánico. Más parecido a los brazos que se usan para manipular material químico que al esqueleto de un Terminator, este invento de Waldo F. Jones le ayuda a moverse tras haber nacido con problemas físicos.

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Como si fuese la historia de un emprendedor del sector tecnológico, gracias a su invento consigue prosperar económicamente al empezar a fabricar en serie sus brazos. Los brazos de Waldo se controlan de forma remota cuando alguien usa unos guantes y, básicamente, reproducen los movimientos que hace quien los tenga puestos.

Este invento del autor de Starship Troopers consiguió hacerse popular y los brazos mecánicos de la NASA y algunas empresas privadas se llamaron Waldos.

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