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Lo que faltaba: las criptomonedas contribuyen a agravar la crisis ecológica

Bitcoin

17/08/2019 - 08:30

El uso (y producción) de criptomonedas requiere de grandes centros de datos que tienen un alto consumo energético en todo momento. Analizamos dónde están esos centros y el daño que pueden provocar al medio ambiente para entender cuál es el coste ecológico real de las criptomonedas.

El año pasado se recordará como el año de la fiebre del Bitcoin y el descubrimiento de la existencia de las criptomonedas para muchas personas. 2019 puede que sea el de la Libra, la moneda que ha impulsado Facebook junto a otras empresas y que parece que llegará con la intención de alcanzar a todos los ciudadanos posibles.

Sin embargo, todavía a estas alturas el desconocimiento sobre qué es una criptomoneda es más que común. Lo normal es saber el valor que tiene al cambio, una leve idea sobre su utilidad y, como con tantos avances tecnológicos, más lo que se vende que de lo que realmente es.

El mercado de la criptomoneda es un espacio controvertido por diversos motivos. En este artículo intentaremos dejar algo más claro el que se refiere al gasto energético que supone las criptomonedas.

Tecnología significa energía

Aunque los avances tecnológicos, la inmediatez, el diseño de los equipos y la facilidad para realizar cada gestión den una imagen de progreso, no todos los aspectos que rodean a las nuevas tecnologías son ecológicamente sostenibles.

Para hacerse una idea, la consultora FTI Consulting calculó que el envío de un mail provoca 4 gramos de CO2, y el envío de 65 correos podría ser similar a recorrer un kilómetro en coche. En una estimación más grave, la Agencia para el Medio Ambiente y el Control de la Energía de Francia cifra el cálculo en 18 gramos de CO2

Si se mira en lo que puede suponer esto en una oficina normal puede llamar la atención, cuando se piensa en escalas mayores (una ciudad o un país), puede resultar más que preocupante. Y teniendo en cuenta que la mayoría de los correos son spam, en esa vía también se podría abrir un debate.

El gasto energético suele estar en los centros de datos que guardan y transmiten la información, así como la dependencia eléctrica que suelen requerir en los equipos, refrigeración, etc.  

Qué es una criptomoneda

En contraste con un correo electrónico normal, una criptomoneda es un archivo que utiliza una encriptación fuerte y cuyo valor parte de su inviolabilidad. Para lograrlo, se utilizan una serie de requerimientos de seguridad que vuelven incorruptible la moneda. Esto se consigue mediante centros de minado de la moneda que requieren de grandes fuentes de alimentación y tienen que estar funcionando en todo momento

Para hacerse una idea de lo que puede suponer tener estos equipos, vayamos al caso del Bitcoin. La primera pregunta que debemos hacernos no es si sabemos lo que es un Bitcoin, sino cuánta gente con Bitcoin conocemos. A nivel mundial, en el futuro habrá un máximo de 21 millones de monedas. Según los creadores, no se pasará de esa cantidad. Hoy todavía no hemos llegado al 80% y según Digiconomist, la industria del Bitcoin consume un 0,13% del gasto eléctrico mundial. Una cifra mayor que el consumo de Irlanda.

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En el caso de la libra de Facebook no se ha aclarado la cantidad de monedas ni el sistema de seguridad que llevarán, pero sí que parte con la idea de ser una moneda de uso diario, por lo que tendrá unos requerimientos energéticos abrumadores.

Dónde están los centros de minería

La minería de criptomoneda se sitúa en dos tipos de países: los que tienen menor control ambiental o los de electricidad más barata.

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Un ejemplo de electricidad muy barata es el de Islandia, un pequeño país donde empiezan a concentrarse este tipo de industrias. Islandia cuenta con una serie de condiciones que lo hacen especialmente adecuado para un sistema similar, que no necesita estar centralizado en ningún lugar concreto.

En cuanto a los países donde se suelen instalar esta clase de fábricas, China era la más utilizada, un país muy poco dado todavía al uso de renovables. Estos lugares usan el carbón y generan energía de una forma muy contaminante, que además encuentra una buena clientela en los centros de minería.

Como podemos entender, la energía que necesitan esta clase de fábricas es barata y eso solo se puede conseguir de dos maneras: en lugares donde se fomente al máximo la clase de energía obtenida de forma ecológica o donde se cree de la forma más barata, que básicamente es con carbón.

Según unos investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT). el 68% la energía consumida en minería de criptomoneda se sitúa en Asia, el 17% en Europa y el 15% en América del Norte. Los datos hablan por sí mismos.

Una fábrica de criptomonedas por dentro

En los últimos meses se ha especulado con que China iba a prohibir el minado de criptomoneda dentro de sus fronteras. Son muchos los motivos posibles que pueden impulsar una medida similar y quizá es muy arriesgado concentrarlos en una hipótesis concreta, pero el motivo alegado es su gasto energético.

Hace cinco años, antes de que empezase la gran fiebre del Bitcoin, Motherboard accedió a una de las fábricas de Bitcoin en China. Para hacerse una idea de lo que han sido ese tipo de fábricas por dentro, basta con saber que su localización es secreta y los pocos trabajadores que viven en la misma fábrica solo pueden ir a casa unos cinco días al cabo del mes. El ambiente que se puede ver en el vídeo recuerda a los futuros distópicos, con la suciedad, el ruido y la sensación de equipos potentes a pesar de su vetusto aspecto. 

En otro artículo de la BBC que narra una situación similar en 2016 se puede encontrar el mismo ejemplo de fábrica. 

Se suele decir que la minería de criptomoneda es tan dañina para el medio ambiente como la minería normal. Luego está el tema de la protección de los trabajadores y el día a día dentro de ellas. Al igual que con la localización de estos espacios, las condiciones se mueven por una opacidad en cuanto a las condiciones ofrecidas, aunque las imágenes puede que hablen por sí mismas. Igual que fábricas textiles u otras industrias, el margen de beneficio se multiplica cuando se sitúan en esta clase de espacios.

La criptomoneda es más cara

La falta de detalles sobre la libra imposibilita saber por ahora dónde se situarán los centros de datos, de qué consumo dependerán y demás factores que esperamos sean más transparentes que con el Bitcoin al ver las empresas que formarán parte del proyecto inicial (Facebook, Visa, Mastercard, Vodafone, PayPal, eBay, Spotify, Uber, Lyft, Booking Holdings...). Sin embargo, trabajará también con blockchain y tendrá unas grandes medidas de seguridad para volverla lo más incorruptible posible, lo que provocará que se necesiten grandes espacios de encriptación y energía, mucha energía.

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El dinero de toda la vida tiene una serie de factores problemáticos, pero en cuanto a su producción y manejo es más ecológico que la criptomoneda. A la hora de producir este tipo de dinero y mantenerlo pasan a segunda línea aspectos de vital importancia para nuestro futuro, como la emergencia climática en la que vivimos. No solo hay que pensar en la creación de la moneda, sino en su mantenimiento y continuo desgaste de los recursos naturales que hará durante su vida útil.

Son muchos los factores que deberá aclarar todo el conglomerado que dará vida a Libra y Calibra, pero este debería ser uno de los esenciales si de verdad tienen intención de llegar a nuestros bolsillos y el día a día. Que simplemente tener criptomonedas en nuestro bolsillo o realizar un pago, transferencia o movimiento no tenga un alto coste ecológico.

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