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Desde que te levantas hasta que te acuestas: así te espía tu ciudad en cuanto sales de casa

Videovigilancia

31/08/2019 - 18:40

GPS, WiFI, la conexión móvil, las cámaras de videovigilancia, los móviles de otras personas con reconocimiento facial.... Creemos disfrutar de cierto anonimato cuando paseamos entre una masa de gente en una gran ciudad, pero no es así. Desde que te levantas hasta que te acuestas, la ciudad te espía.

Cuando vamos de vacaciones al pueblo de nuestros padres nos sorprende que todo el mundo se salude por la calle. Allí todos se conocen. Nos resulta chocante porque en una gran ciudad mucha gente no conoce ni a sus vecinos, y no intercambia ni una palabra cuando se juntan en el ascensor. Salimos a la calle y nadie se mira a los ojos en la parada del autobús, o en el metro. Todo el mundo está demasiado ocupado mirando el móvil. Nos sentimos ciudadanos anónimos en una gran urbe, pero la realidad es bien distinta. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, la ciudad nos observa.

Desde hace años sabemos que hay cámaras de vigililancia que nos vigilan en las calles, en las carreteras, en los centros comerciales. Pero eso no es nada comparado con lo que nos espera. Porque hasta ahora las cámaras estaba fijas, y lo único que hacían era mirar, sin entender lo que veían. Era necesaria la presencia humana para interpretar lo que habían grabado.

Pero ahora con los drones, el reconocimiento facial y la inteligencia artificial, todo cambia. Las cámaras pueden llegar a cualquier rincón, pueden interpretar lo que ven sin intervención humana, y pueden reconocer a personas. Pueden asociar rostros y vehículos a nombres, perfiles de redes sociales, documentos de identidad y números de la seguridad social. Pueden saberlo todo de nosotros, sin que lo sepamos. Y ya lo están haciendo.

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Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos localizados. Vivimos rodeados de sensores y localizadores que transmiten todo lo que hacemos.

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El experimento de Egor Tsvetkov

¿Hasta que punto somos espiados sin darnos cuenta cuando estamos en la calle? ¿Cuánto pueden saber de nosotros?

En Rusia, donde el tema de la privacidad es mucho más flexible, existía (lo cerraron hace poco) un servicio llamado FindFace, que se utilizaba para encontrar cuentas de la red social VK.com a partir de una foto, mediante reconocimiento facial, con el objetivo de... ligar. En Rusia VK.com tiene 55 millones de usuarios, y allí casi todo el mundo tiene una cuenta.

Hace unos meses el fotógrafo ruso Egor Tsvetkov puso en marcha un experimento llamado Tu cara es Big Data. Fotografió a personas al azar en el metro y consiguió localizar 24 perfiles de VK.com usando FindFace. A partir de una simple foto anónima obtuvo datos como su nombre, amigos, aficiones, comidas favoritas, y otra información personal. Aquí podemos ver algunas, con la foto tomada en el metro a la izquierda, y el perfil de VK.com localizado por medio de FindFace:

Videovigilancia
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Como vemos, esta IA incluso es capaz de reconocer personas que tienen la cara tapada o llevan capucha. Es fácil imaginar el acoso que pueden sufrir personas atractivas, que ya no pueden mantener su privacidad fuera de la Red. Cualquiera puede hacerte una foto en un bar, en el metro, y acceder a tus cuentas en redes sociales, aunque tu no hayas dado tu consentimiento.

Muchas personas mantienen su identidad online separada de su vida real, y con servicios como FindFace esta separación se ha destruido sin su consentimiento. Es un ejemplo de cómo la tecnología pone en peligro nuestra privacidad de formas que no imaginamos.

Google y Facebook saben lo que haces en la calle

Cuando paseamos por la ciudad es posible que miremos con recelo a los edificios o los comercios, en busca de cámaras. Pero a veces olvidamos que la primera herramienta de espionaje la llevamos encima. El móvil, en combinación con el GPS y las apps de Google, Facebook, etc., monitorean constantemente lo que hacemos al aire libre. Incluso aunque apaguemos el GPS se las apañan para saber nuestra localización aproximada con ayuda de las redes WiFI o las torres de telefonía.

Aplicación

A las redes sociales y los servicios de Internet les interesa saber donde estamos para mostrar publicidad local, o sobre productos de tiendas que visitamos, o actividades que realizamos en la calle.

Aps de mapas y rutas como Google Maps generan todo tipo de estadísticas para el Big Data a partir de las rutas que buscamos o las direcciones que les pedimos. Datos que luego tienen gran valor para los anunciantes a la hora de publicitarse en los lugares más visitados, a qué hora va la gente al cine, o cual es la pizzería más popular. 

Las cámaras son solo el principio

Desde hace años, las ciudades están plagadas de cámaras de vigilancia municipales. Los ayuntamientos las usan para controlar el tráfico, pero también para vigilar edificios emblemáticos, plazas, calles concurridas o conflictivas, etc.

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El problema es que el único derecho que tenemos los ciudadanos, es saber qué existen. Y, por ley, deben estar a la vista. Pero no sabemos qué hacen con ellas. Qué graban, el tiempo que graban, o quién las ve.

Además la tecnología ha mejorado mucho. Antes las cámaras de vigilancia solo grababan en blanco y negro, en baja resolución y con un zoom limitado. Ahora existen cámaras de 360 grados, a resolución 4K y con zoom de docenas, incluso cientos de metros.

Lo hemos visto en muchas películas pero no se aleja de la realidad: es posible realizar el seguimiento de una persona de una punta a otra de casi cualquier ciudad, utilizando cámaras. Es obvio que producen un beneficio, desde identificar a delincuentes a prevenir delitos, atrapar terroristas o incluso como método de persuasión. Pero el coste de esto es el más alto posible: nuestra privacidad.

Llegan los drones

Hasta ahora, las cámaras podían estar en más o menos lugares, pero tenían una característica importante: eran fijas. Si sabes que en un calle no hay cámaras, nadie te va a grabar... hasta ahora. En los últimos meses, otro elemento ha entrado en escena: los drones.

Drones de la DGT ya recorren las carreteras, e incluso tienen potestad para poner multas.

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Y aunque aquí en España aún no han llegado a los cuerpos policiales, en países como Colombia ya se utilizan para patrullar las calles de las ciudades:

Los drones rompen con el inmovilismo de las cámaras de vigilancia, al poder grabar en cualquier sitio. Consiguen, literalmente, que no existan ningún recinto privado en las ciudades.

Las antenas de telefonía y redes WiFi públicas

¿Acostumbras usar redes WiFI públicas de bibliotecas, ayuntamiento, o autobuses? Cada vez que nos conectamos a ellas revelamos información de dónde estamos, la hora y el día, que dispositivos usamos, etc. No sabemos lo que hacen con esta información los dueños de esas redes WiFI públicas, que en muchos casos ni siquiera conocemos.

WiFi cafetería

Y al ser públicas, los hackers pueden circular a sus anchas en su interior, recopilando todo tipo de información.

Si nos desplazamos a lo largo de toda la ciudad, las antenas de telefonía también sirven para realizar un seguimiento de nuestros movimientos, ya que a medida que nos movemos nuestro móvil cambia de antena de telefonía a otra más cercana, para optimizar las llamadas y la conexión.

Antena WiFi direccional

Y aunque no hay constancia de que se lleve a cabo un seguimiento por este sistema, técnicamente se puede hacer.

¿Y qué pasa con los comercios?

Hoy en día prácticamente todos los comercios poseen cámaras de seguridad. Tienen libertad para colocarlas siempre que estén en un espacio publico (no puede ponerla en los servicios, por ejemplo),  y siempre que avisen de su existencia con algún cartel en la entrada.

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Cada vez que entramos en un espacio público, ya sea un centro comercial, una tienda, un museo, etc. Vamos a ser grabados. Y aunque por ley, pasado un tiempo, esas grabaciones deben ser destruidas, la realidad en que no sabemos para qué las usan, y si realmente se destruyen. ¿Se utilizan únicamente por motivos de seguridad como anuncian los carteles, o realmente se extrae información de esas grabaciones?

Hace unos meses, en Oslo, alguien rompió sin querer el marco de un cartel publicitario de una pizzería, y se descubrió que escondía una cámara y una pantalla de ordenador en donde se recopilaban datos de todo aquel que miraba el anuncio, como el género, la edad, si estaba contento, si llevaba gafas, y el tiempo que permanecía leyendo. Todo ello sin permiso del afectado, y sin informar de que estaba siendo grabado:

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¿Cuántas cámaras como ésta hay en los comercios de la gran ciudad?

Reconocimiento facial e IA, una combinación peligrosa

Hemos visto todo tipo de cámaras que se asoman por cualquier rincón de las ciudades. Pero, hasta ahora, se limitaban a ser simples herramientas de recogida de imágenes. Esas grabaciones no servían para nada, hasta que una persona las visionase. Y ponerse a visionar todo el contenido de las cintas para extraer información, es poco práctico.

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Pero todo ha cambiando con la llegada de la inteligencia artificial, y el reconocimiento facial. De repente, ya no es necesario que un humano interprete lo que hay en una foto o un vídeo. Ahora la IA puede hacer este trabajo, sin intervención humana. Puede reconocer si en un video hay personas, y lo que están haciendo. La edad aproximada que tienen, el género, y otros datos. Con el reconocimiento facial son capaces de poner nombre y apellidos a esas personas de los vídeos, y asociarlos entre sí. Acceder a su perfil de las redes sociales, y extraer todo tipo de información.

Trabajando las 24 horas del día, sin sueldo, y sin quejas.

Tesco instaló hace tiempo tecnologia de reconocimiento facial en las cámaras de seguridad de más de 500 tiendas en Estados Unidos, con el objetivo de identificar la edad y el género de sus compradores.

Existe una compañía llamada Face Fist que desarrolla software de reconocimiento facial para tiendas. Identifica a los buenos clientes para que tengan un buen recibimiento, y a lo más problématicos, para tenerlos vigilados... Se utiliza en casinos, bancos, e incluso estadios deportivos. Presume de haber analizado más de 350 millones de rostros, y haber reconocido más de 159.000 personas... Otras, como Vigilant Solutions, se han especializado en seguridad.

Churchix es un software utilizado en iglesias para registrar qué feligreses acuden a los oficios, aunque también se usa en comercios.

En Singapur, el servicio de transporte público quiere implantar el pago con reconocimiento facial, evitando así el uso de tarjetas o billetes de metro. Asegura que identifica a 60 personas por minuto, frente a las 40 personas por minuto que permite el pago con tarjeta, lo que aceleraría el tránsito de pasajeros.

Hasta los taxis te reconocen

En Japón, los taxis japoneses usan el reconocimiento facial para mostrar publicidad personalizada a los viajeros. Analizan el rostro para ver si es hombre o mujer, si es joven o viejo, y según eso cambian los anuncios que se pueden ver en las pantallas interiores del taxi.

Taxi Tokio

¿Y qué hacen con la información facial que recopilan?

La polícia china y sus gafas de reconocimiento facial

En China, la policía de Pekín ha comenzado a usar gafas de reconocimiento facial. Simplemente mirando a una persona, recibe en pantalla sus datos de identificación.

Gafas de reconocimiento facial

Y no se limita solo a reconocer personas

El reconocimiento facial espía también nuestros sentimientos y estado de ánimo: si estamos tristes, contentos o enfadados, si dormimos poco o si mostramos síntomas de una enfermedad a través del rostro.

Videovigilancia

Las posibilidades comerciales y publicitarias de esta información son inmensas.

En la Unión Europea hay una ley que obliga a pedir permiso para usar el reconocimiento facial en actividades comerciales, pero no cubre el uso personal con tecnologías como Face ID. Y hasta qué punto los comercios respetan la ley, es algo que no sabemos.

Pagos en comercios y NFC

El seguimiento que lleva a cabo nuestra ciudad desde que salimos de casa hasta que regresamos, no se limita solo a las cámaras.

Los pagos en comercios son otra forma de rastreo, que además registran nuestros datos reales de forma inequívoca: número de tarjeta de crédito, nombre, dirección, etc.

Antes los pagos se hacían principalmente en restaurantes y centros comerciales, usando una tarjeta de crédito. Era una relación local entre el comercio, el cliente y el banco. Pero con la llegada del pago a través del móvil por NFC, todo esto ha cambiado.

Google Pay

Ahora es mucho más cómodo pagar con el móvil, incluso importes de unos pocos euros, y lo aceptan todo tipo de comercios, no solo los centros comerciales. Desde kioscos a bares.

Existen plataformas de pago gestionadas por las compañías de Internet, como Apple Pay, Samsung Pay o Google Pay.

Esto añade una capa más de intromisión en nuestros datos, porque ahora además del comercio y el banco están las apps de pago, y compañías como Google o Apple, (y en el futuro Facebook con su criptomoneda Libra), que de alguna forma van a alimentar el Big Data con esa información completamente nueva para ellos: qué compramos, cuánto cuesta, dónde, etc.

Los sistemas Beacon

Muchos comercios usan también sistemas de conexión a través de Beacon, un dispositivo que colocan en diferentes puntos del comercio y envías datos de ofertas, promociones, etc., al móvil de los visitantes.

Beacon

Y también los recopila de los clientes, al tratarse un sistema principialmente publicitario.

El metro, el autobús, los patinetes...

El transporte público gana cada vez más adeptos, afortunadamente. Pero hoy en día está completamente informatizado. Compramos bonos para ahorrarnos dinero y alquilamos patinetes y coches eléctricos. 

Pago contactless con tarjet autobús

Los bono registran datos como el identificador de la tarjeta, uso, fecha, etc. El alquiler de un coche o patinete implica revelar dónde lo hemos cogido, dónde lo hemos dejado, tiempo de uso, etc.

Con la conexión 5G, todo irá a más

En un futuro que ya es presente, la conexión 5G va a revolucionar numerosos conceptos de nuestras vidas. Y uno de ellos será la Internet de las Cosas. Dicen que la 5G hará por los dispositivos conectados a Internet lo mismo que la conexión 4G ha hecho por los móviles.

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La conexión 5G puede conectar miles de dispositivos de la Internet de las Cosas al mismo tiempo, a una velocidad hasta 100 veces superior a la actual. Esto significa que las cámaras, los drones, podrán enviar datos más rápidamente, y podrán conectarse muchos más al mismo tiempo, perfeccionando todo este sistema de videovigilancia y rastreo de las grandes ciudades.

¿Tiene alguna ventaja?

Es indudable que la videovigilancia y el reconocimiento facial en las grandes ciudades tiene sus puntos positivos. Como todo sistema de identificación, es útil cuando los espiados cometen un delito. Se han dado caso de ladrones de bancos y asesinos grabados con cámaras de vigilancia que han sido detenidos gracias al reconocimiento facial.

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También puede resultar útil para localizar a personas desaparecidas o que han perdido la memoria.

Se ha comprobado que en lugares en donde se avisa que hay cámaras con reconocimiento facial, los robos se reducen. En China los servicios públicos de los Templos Sagrados de Beijing sufren robos de grandes cantidades de papel higiénico por parte de los turistas. Tras instalar cámaras con reconocimiento facial en los dispensadores, avisando de su presencia, los robos se han reducido al mínimo.

La clave es decidir si esos beneficios compensan la pérdida casi total de la privacidad.

Ciudadanos sin derechos

Aunque las leyes protegen la privacidad de las personas, solo se aplican cuando se descubre una violación de esa privacidad, como ha ocurrido con el reciente escándalo de las escuchas humanas de Siri, Alexa, y el Asistente de Google

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El problema es que los ciudadanos sabemos que nos espían y rastrean, pero no sabemos lo que hacen con esos datos que recopilan. Muchos expertos exigen que exista una base de datos consultable con todas las cámaras desplegadas, que se reduzca su uso, que existan zonas libres de ellas, y que se obligue a destruir los datos más pronto.

Pero los gobiernos miran hacia otro lado, mientras la videovigilancia aumenta. Es un signo de nuestro tiempo, y muchos dudan que estemos a tiempo de pararlo...

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