La verdad sobre la carne roja y procesada, y el cáncer

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La verdad sobre la carne roja y procesada, y el cáncer

Es el tema de debate en todos los programas de televisión, noticiarios, redes sociales y webs de salud.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado cancerígena la carne procesada, en el mismo grupo que el tabaco, la radiación solar, el amianto, o el plutonio. La carne roja, por su parte, entra en el grupo de los compuestos probablemente cancerígenos: hay evidencias, pero no pruebas concluyentes.

Es una declaración histórica que refuerza el prestigio de la OMS. Más allá del miedo al alarmismo y a las presiones de los grandes grupos de alimentación, la OMS se ha atrevido a decir lo que sus estudios médicos certifican.

Dicho esto, hay que huir de los grandes titulares catastrofistas. Expresiones como "la carne procesada provoca cáncer" o "tomar carne aumenta en un 18% el riesgo de padecer cáncer" no son ciertas.

La Organización de consumidores y Usuarios (OCU) explica en su web la verdad sobre este informe de la OMS, huyendo del alarmismo para invitarnos a actuar con sentido común.

La OMS agrupa los compuestos y alimentos que aumentan el riesgo de padecer cáncer en diferentes grupos. Si un alimento aparece aquí es porque se han realizado estudios suficientes para llegar a esta conclusión.

Así , la carne procesada se ha incluido en el Grupo 1, definido como elemento carcinógeno para el ser humano. En este grupo están el tabaco, el alcohol, la radiación solar, el amianto, el plutonio, los rayos X, y el benceno.

Entendemos por carne procesada aquella que ha sufrido una manipulación para conservarla más tiempo: carne en lata, salchichas, curados, ahumados, etc. Aquí la calidad no influye. Ofrece el mismo riesgo un salchichón de baja calidad que el mejor jamón curado de forma artesanal.

Por otro lado, la carne roja no procesada se ha incluido en el Grupo 2A, como probable carcinógeno: hay evidencias de que aumenta el riesgo de cáncer pero no hay pruebas concluyentes. En este grupo está los esteroides, el plomo, los herbicidas, las frituras...

Entendemos por carne roja no procesada la que proviene de los músculos de los mamíferos: vaca, cerdo, caballo, ternera, conejo, etc. Aquí no entra la carne de ave.

Estos son los datos. Ahora vamos a analizarlos de forma objetiva.

La verdad sobre la carne procesada y roja y el cáncer

Un programa informático diagnostica el cáncer en dos días

En primer lugar es absurdo negar el informe. La OMS no tiene intereses comerciales y sólo realiza este tipo de afirmaciones cuando hay suficientes estudios que lo avalan.

Está demostrado que la carne procesada aumenta el riesgo de sufrir un cáncer de colon y hay evidencias de que la carne roja sin procesar, también. Esto es así. Se debe a una serie de moléculas químicas que se crean durante el procesado de la carne y está relacionado con la propia composición química de la carne.

Ahora bien, otros alimentos como las frituras, el alcohol o el tabaco hace tiempo que se han incluido en el grupo 1 o 2A, y seguimos consumiéndolos con normalidad.

¿Cuál es el verdadero riesgo?

Hay que entender que en la aparición de un cáncer intervienen múltiples factores, no sólo la alimentación. De nada sirve dejar de comer carne si luego estás todo el día sentado o vives en una ciudad contaminada, factores de mucho más riesgo que la carne.

Según la OMS, comer 50 gramos de carne procesada al día aumenta el riesgo de padecer cáncer de estómago un 18%. Esto no es un valor absoluto. Es un porcentaje que se aplica al riesgo individual de cada persona.

Si por tus genes, salud ambiental y modo de vida tienes, por ejemplo, un 5% de posibilidades de sufrir cáncer de estómago, el consumo diario de carne procesada aumentará un 18% ese 5%, no el total. Así que en realidad tu porcentaje será un 5.9%. El aumento es del 0.9%, que puede considerarse bajo.

Estos valores se aplican si comes al menos 50 gramos de carne procesada todos los días. Si lo haces sólo de vez en cuando el riesgo desciende bastante.

Que la carne procesada esté en el mismo grupo que el tabaco o el plutonio no significa que aumente el riesgo de la misma forma un cigarrillo que una loncha de jamón. O una cucharada de plutonio, a lo Homer Simpson. Posiblemente tendrás que comer mucho jamón para igualar el efecto dañino de un cigarrillo.

Entonces, ¿debemos dejar de tomar carne roja? No. La carne roja aporta nutrientes esenciales para el organismo como son el hierro y las proteínas. Sus beneficios son mayores que sus riesgos, si se toma con moderación.

También hay evidencias de que el pescado contiene mercurio y las verduras, pesticidas, cada uno con sus propios riesgos. Por no hablar del aire contaminado de las ciudades. Si quieres estar 100% libre de cáncer entonces no comas, no bebas, no respires, y no pases tiempo sentado. Como eso es imposible, no hay que obsesionarse ni descartar alimentos por sistema.

Por otro lado, también es absurdo ignorar el problema y hacer como si no fuese contigo.

* Normas de la OCU para consumir carne roja y procesada

La OCU aconseja seguir estas reglas:

  • Tomar carne roja un máximo de 2 o 3 veces por semana
  • Evitar la carne procesada, especialmente ahumados
  • No cocinarla en exceso. La carne poco hecha puede contener microorganismos, pero si está muy tostada el riesgo aumenta por la presencia de benzopirenos
  • Mantener una dieta equilibrada: comer carne, pescado, legumbres, frutas y verduras combinándolas a lo largo de la semana

Consumir carne roja sí, pero con cabeza. No negar el riesgo, pero tampoco sacarlo de contexto. Sentido común, en definitiva.

[Fuente: OCU]