A Facebook le encanta organizar y etiquetar tu vida

Facebook compone con toda tu vida un breve pero intenso vídeo

Llegaron de improviso, casi sin avisar. Primero, el vídeo de una amiga un poco pavisosa en el que compartía un ramillete de instantes vitales bastante insulsos, a saber: comida con amigos, niños en la playa, comida con niños, amigos en la playa... y todo eso. La amable musiquita que lo acompañaba y unos mensajes corporativos de Facebook intercalados entre sus momentos mega-dichosos hacían temer lo peor: una ofensiva organizada. 

Y, efectivamente, una avalancha posterior de vídeos de amigos y conocidos inundó mi pantalla, todos ellos creados por la compañía de Zuckerberg para conmemorar su décimo aniversario. Y, de paso, transmitir la idea –no digo que intencionadamente– de que nuestras vidas están almacenadas, etiquetadas y ordenadas en Facebook, esperando cualquier oportunidad para salir y ser compartidas en busca de manitas con pulgares arriba.

Tras la invasión en mi muro de numerosas biografías ajenas, comencé a pensar, intrigado, en cómo sería la mía. Sin grandes expectativas, la verdad. Siempre he sospechado que mi vida era aburrida, pero confirmé esta suposición hace unos años cuando durante un accidente de tráfico, mi vida pasó ante mis ojos en unos segundos y tuvieron que insertar unas escenas de paisajes para rellenar porque faltaban acontecimientos interesantes.

Nuestras vidas están almacenadas, etiquetadas y ordenadas en Facebook

Pero a pesar de que contaba, como digo, con el carácter insípido de mi vida, cuando llegó el mensaje de Facebook me di cuenta de que era peor de lo que pensaba: en lugar de ofrecerme un montaje resumen de mi experiencia vital, me colocaron seis mugrientas fotografías en una pantalla y un escueto “Gracias Tomás”. Una forma elegante de darme la patada.

Y eso me pasa por no compartir. Sí, así es. Facebook me quiere menos que a los demás porque no aporto demasiado a su ecosistema. Leo, husmeo, miro perfiles, visito enlaces... pero a la hora de compartir mis fotografías, me las guardo en lugar de colgarlas en mi muro. Por tanto, no he hecho méritos para obtener mi emotivo videoclip biográfico, y eso me duele.

Me duele porque ya me estaba frotando las manos pensando en grandes tertulias y piques entre amigos comparando los vídeos de unos y otros. “Mi esposa se ha mosqueado porque no sale y mis amigotes aparecen muchas veces”. “Pues a ver por qué está tu ex-novio en el vídeo, ya estás editando eso”. Tantas posibilidades de discusiones tontas me he perdido...

Ya no podemos decir que aquel que no esté en las redes sociales es como si no existiera. Ahora vamos un paso más allá: aquel que no comparta su vida lo suficiente, no saldrá en la foto. Intimidad es lo mismo que anonimato. Y a mi no me da la gana de compartir porque sí, bastante comparto ya mi vida con la Administración Pública. Por cierto, aún espero su vídeo.