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Te odio, Facebook. Tu dichosa privacidad me vuelve loco

¿Se me lee o no se me lee? Ya no sé qué pensar...
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31/03/2014 - 15:41

Zuck, muchacho, haz algo. Tu red social, Facebook, me está volviendo tarumba: no sé quienes son mis amigos, qué puede ver quién en mi perfil, quién puede ver qué y cómo puedo mandar a galeras a la legión de pesados que me invitan a jugar en granjas, guerras, ligas de fútbol, castillos o casinos.

Os abro mi corazón, con todas sus aurículas y sus ventrículos, para que os suméis a mi confusión y hartazgo con el tema de la dichosa privacidad en Facebook. No seré yo quien le reste importancia a mantener nuestra intimidad en la medida que deseemos.

Todo lo contrario, me parece un legítimo derecho que debemos ejercer a diario para no perder ni un palmo de la parcela de nuestras libertades, ya que a veces algunas fincas colindantes intentan mover su vallado para robar unos metros de nuestros terrenos.

Pero los amigos de Facebook me han liado tanto con las decenas de opciones de privacidad disponibles, los cambios semanales de su política y las definiciones confusas, que no tengo ni la más remota idea de cuál es mi situación actual al respecto. Me he perdido.

Lo que me pasa es lo siguiente. Me asomo a mi Facebook. Un montón de gente. A muchos, apenas los conozco, pero aún así recibo al minuto noticias de todo lo que les pasa, lo que piensan, lo que comen, cómo de fluida va su digestión... todo.

Por el contrario, en ocasiones descubro a un viejo amigo escondido en un rincón apartado de Facebook, y me sorprende no haberme enterado de algunos acontecimientos importantes en su vida, pese a que lleva en mi lista de amigos siete años.

Conclusión: Facebook decide quienes son mis amigos. En base a qué, no lo sé muy bien. Pero últimamente me obligaba a pensar en diario que en algún momento tenía que poner orden en mi cuenta, en mi vida y en la de mis contactos. Terminé de decidirme a poner coto a los desmanes que ejecutaba Facebook con mis amistades tras ver cómo un tipo con un mostacho espantoso al que no recordaba de nada me trataba como si fuéramos hermanos de leche y tenía la gentileza de mantenerme al día de sus enfermedades infecciosas.

Muchos comparten conmigo su cansancio acerca del tema

Así que acudí resuelto al apartado de ajustes de privacidad y empezaron a temblarme hasta los mofletes al leer alarmado las preguntas que Facebook me apuntaba: ¿Quién puede ver mis cosas? ¿Quién puede conectarse conmigo? Y mi favorita: ¿Quieres limitar el público de las publicaciones que compartiste con los amigos de tus amigos o que hiciste públicas? Según terminé de leer este sugerente y desafiante enigma, algo resonó dentro de mi cabeza, y sospecho que fueron algunas de mis meninges reventando a causa del esfuerzo mental.

¿Qué hago ahora? Con mil preguntas en mi cabeza esperando pacientes unas amables neuronas que les dieran una respuesta a las inquietudes más urgentes, (¿Pueden leerme?¿Y “megustarme”?¿Y ver mis fotos? ¿Y quererme?) he terminado por cerrar mi navegador y plantearme si tengo el tiempo o el ánimo necesario para configurar el nivel de privacidad de mi cuenta.

Esto de la privacidad se está convirtiendo en un tema cada vez más estresante, exigente y complejo. Y, sinceramente, no sé si abandonarme y que quien quiera, incluso los tipos con mostacho e infecciones, compartan conmigo lo que les dé la gana y vean de mi lo que les apetezca, o volverme paranoico y dedicar mis vacaciones a poner a punto, hasta el mas mínimo detalle, el escaparate de mi vida privada

Apuesto a que no soy el único que piensa así. Seguro que muchos comparten conmigo mi cansancio acerca del tema. Aunque tal vez no podáis compartirlo porque mi perfil no lo permita. O sí. Yo, todavía no me entero muy bien.

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