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Las distopías de Black Mirror y la fascinación que nos producen

Las distopías de Black Mirror

11/01/2018 - 11:43

Black Mirror nos plantea distopías fascinantes que nos permiten pensar acerca de nosotros mismos. Te contamos cuáles son las de la cuarta temporada.

Black Mirror es una serie antológica que se adentra en la inquietud colectiva del mundo moderno con episodios llenos de suspense que exploran la paranoia que nos genera el panorama tecnológico actual, jalonado de periódicos avances cuyas consecuencias se antojan impredecibles a largo plazo. ¿Recordáis como éramos hace 10 años? Os asombraría "viajar en el tiempo" para comprobar hasta qué punto ha cambiado nuestra forma de interactuar o de distribuir nuestro tiempo.

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No es difícil pensar en distopías o escenarios indeseables en un futuro cercano en los que las personas se enfrenten a dilemas de gran calibre: podríamos llamarlas "pesadillas plausibles". Esta "ventana indiscreta" hacia futuros probables e indeseables a partes iguales nos da la oportunidad de oro de pensar hacia dónde nos encaminamos y corregir el rumbo a tiempo.

Black Mirror ha regresado a Netflix el 29 de diciembre de 2017 con una cuarta temporada compuesta por seis nuevos episodios cargados de misterio en los cuales el uso de los adelantos tecnológicos nos adentra en lugares muy oscuros: el exceso de control, la invasión de la intimidad, la pérdida de la identidad o las aplicaciones éticamente cuestionables volverán a remitirnos a los orígenes de la ficción televisiva con una cota de calidad similar a la de aquellos primeros episodios y nos van a hacer reflexionar sobre qué futuro deseamos y qué uso queremos hacer de las herramientas que deberían hacernos la vida más fácil sin convertirla en un horrible callejón sin salida.

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El futuro más oscuro: la ausencia de futuro

La distopía más dura que nos presentan en esta nueva tanda de episodios se desarrolla en el capítulo rodado en blanco y negro "Metalhead" con máquinas persiguiendo a humanos para eliminarlos. No solo el concepto es salvaje, la plasmación asimismo de una persecución implacable en la que el ser humano es el objeto de caza de un robot letal resulta asfixiante. El entorno parece un páramo y los robots dotados de una inteligencia y unas capacidades muy superiores a las nuestras.

El germen de este episodio ha estado, precisamente, en la realidad: los propios prototipos desarrollados por las universidades le dieron la chispa de la inspiración a Brooker, que vio en sus antinaturales movimientos una cualidad inquietante. Los avances tecnológicos alientan a pensar en que si se les da a las máquinas una finalidad muy concreta, harán todo lo posible por alcanzarla sin que importe el coste.

Es un mundo en el que la humanidad corre riesgo de extinción en el sentido más estricto posible puesto que : cuando ya no quede nadie a quien abatir ¿qué harán esas "cabezas de metal"? Es un episodio funesto puesto que esas máquinas han sido evidentemente creadas por el propio hombre, lo que nos lleva a pensar en la autodestrucción como especie. Esto es algo que ya hemos visto en otros episodios en los que se nos han planteado otros escenarios como el de la vida más allá de la muerte pero en todo caso en un plano no físico pero quizás nunca nos habían enfrentado a una visión tan demoledora.

¿Qué es verdad y qué no lo es?

Hay dos episodios que juegan con la premisa de desplazarnos de escenario. En ambos casos, un giro de guión nos sorprende de tal forma que comprendemos que hay dos planos de realidad: el discursivo en el que se desarrolla la vida normal y uno en el que aparecen los alter ego de los individuos que conocemos y que se rige por su propia lógica.

Pero la serie, siempre innovadora en sus guiones recorre el camino a la inversa en uno y otro. Hablamos de "USS Callister" y "Hang the DJ". Y no es lo único que comparten: son también los dos episodios más simpáticos y divertidos de la serie, lo que demuestra una vez más que no está reñida la reflexión con el sentido del humor.

En "USS Callister" (el episodio más largo hasta la fecha de Black Mirror que supera los 90 minutos de duración y se rumorea que podría dar pie al primer spin-off de la serie), el ADN se convierte en la materia de replicación de las personas... en un entorno completamente ficticio. ¿Qué es más real? ¿Lo que sucede en la oficina o lo que se desarrolla en el interior del juego? ¿Si pueden interactuar ambos planos podemos pensar que son igual de válidos?

"Hang the DJ" esconde sus cartas durante mucho más tiempo: conocemos "el truco" al final del episodio y eso hace que sea muy redondo. En verdad nos enfrenta a una distopía muy factible en la que las decisiones tan fundamentales como las de el emparejamiento corren a cargo de una aplicación casi infalible. Cómo realiza el cálculo de probabilidades de que una relación sea plenamente satisfactoria, es un misterio. ¿Te atreverías a estrechar un lazo sentimental sin el beneplácito de tu App de turno? ¿Estarías con alguien que a priori no te atrae porque un dispositivo te asegure que es tu media naranja perfecta? ¿¿¿Existe acaso la perfección en una relación???

Yo soy yo, esté donde esté mi conciencia

El punto fundamental de la distopía que nos presentan en "Black Museum" es el hecho de que queremos preservar nuestra identidad a toda costa. El ser humano, por defecto, trata de escapar de la muerte, intenta sortear el final y aferrarse a aquello que lo define. Las vías para conseguirlo pueden ser de lo más variopintas, aunque ninguna se ajusta en verdad a la idílica idea de partida.

En el Black Museum de Rolo Haynes, descubrimos tres casos muy peculiares. El primero de ellos nos presenta un adelanto que permite la transferencia de experiencias sensoriales de un individuo a otro sin que el segundo experimente daños físicos, algo que durante un tiempo sirve para mejorar diagnósticos clínicos y salvar vidas.

Pero como en cualquier distopía, hay un momento en el que se traspasa una barrera de lo prohibido y después solo puede llegar el castigo. En el segundo, un accidente deja postrada a una mujer, que encuentra la forma de "seguir viviendo" siendo trasvasada al interior de su marido. Pronto aparecen los problemas: ella no tiene capacidad de decisión real, él no tiene intimidad y la respuesta es traspasar su consciencia a un objeto.

Si os resulta cruel, esperad a conocer el último caso: la transferencia de la consciencia de un reo a un ente digital para convertirlo en una atracción de feria, en la que su alter ego es sometido a la electrocución una y otra vez de forma indefinida.

El ser humano, artífice de su propia desgracia

Los dos episodios de los que nos resta hablar son "Arkangel" y "Cocodrilo". Ambos tienen en común el hecho de que parecen vaticinar futuros muy próximos en los que casi no podemos hablar de distopías: lo importante en sí no es el adelanto tecnológico de turno, un dispositivo de rastreo y control y una máquina para extraer los recuerdos, respectivamente, sino las personas que hacen uso de esas herramientas y las consecuencias que eso tiene porque lo que late de fondo es que son moralmente reprobables.

Por más que queramos proteger y tutelar a nuestros hijos no podemos monitorizarlos y restringir su toma de decisiones; por más que queramos ocultar un secreto, éste acabará saliendo a la luz revelando nuestra verdadera naturaleza. Parte de lo que nos muestran puede hacerse ya, pero por suerte, no nos hemos vuelto tan locos como para implementarlo a gran escala y seguimos protegiendo el derecho a la intimidad y a una tutela responsable.

Black Mirror, siempre fascinante con los planteamientos de sus episodios, no es una serie cómoda: busca inquietarnos, hacernos pensar y estremecernos con lo que puede estar a la vuelta de la esquina.

Vamos a quedarnos con el lado más amable acudiendo a unas declaraciones de Annabel Jones: "En una casa de ancianos de Gran Bretaña" explicó la productora "les han proporcionado a los residentes un aparato que les ayuda en sus terapias, similar a uno de los que aparecía en 'San Junípero' y pensamos que era algo muy bonito. Esté inspirado o no en el episodio, creemos que es muy satisfactorio habernos acercado en este caso a algo que puede ser real".

Que así sea y si nos ayuda a adelantarnos al futuro le saquemos provecho... Porque de facto la tecnología está cambiando nuestra forma de pensar, de relacionarnos y de buscar respuestas a las grandes preguntas que nos hacemos.

Pero no hay que olvidar que cuando apagamos los dispositivos, lo que vemos reflejado en las pantallas en negro no deja de ser nuestro rostro. Black Mirror tiene el gran valor añadido de no ser una serie con moralina, aleccionadora o que pretenda hacernos parecer peor de lo que somos.

Y sin embargo, puede convertise en el faro que nos ilumine desde lo desconocido consiguiendo que sorteemos escollos que serían impredecibles de otro modo.

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