¿Cómo se hizo la foto con más resolución del mundo?

¿Cómo se hizo la foto con más resolución del mundo?

No siempre los extremos son buenos, pero cuando se trata de sobresalir, eso es precisamente lo que muchas veces marca la diferencia entre lo que se considera normal y aquello que es excepcional. Y más aún cuando se trata de dejar constancia en el Libro Guinness de los Récords.

En el campo de la imagen uno de los títulos más perseguidos es el de la fotografía más grande, o con más resolución, del mundo. Cada pocos meses un titular nos informa de un nuevo logro, uno de los últimos se ha conseguido en Londres con una foto de 320 gigapíxeles. El “truco” es tomar varias fotos –en realidad miles– y después unirlas. Esto, contado así, casi parece fácil, pero detrás a un trabajo cuidado y meticuloso.  

Hace poco más de dos años, fue un grupo de españoles los que ostentaron este título. La “instantánea” –a la que, en total, dedicaron más de seis meses de trabajo– recoge cada detalle de la ciudad de Sevilla en la nada despreciable cifra de 111 gigapíxeles (o, lo que es lo mismo, 111 billones de píxeles), y el resultado está alcance de cual­quiera en sevilla111.com.

Pablo Pompa fotógrafo

Los preparativos

El proyecto comenzó cuando un grupo de aficionados a la fotografía panorámica conoció la noticia de la creación de una imagen de 360º e interactiva de la ciu­dad de París de 26 Gpx. “Al ver un resultado tan espec­tacular, nos planteamos intentar hacer algo similar. Inicialmente pensamos en una fotografía de unos 40 Gpx, pero finalmente nos atrevimos con una de más de 100 Gpx”, recuerda desde Sevilla el fotógrafo y director del proyecto, Pablo Pompa Domínguez.

El lugar elegido fue su ciudad, aunque esto entrañaba una difi­cultad: allí existen pocos sitios elevados. Desecharon el Puente del Alamillo, La Giralda, la torre de la Catedral y las de Plaza España, para quedarse finalmen­te con la Torre ​Schindler, de 60 metros de altura y construida con motivo de la Expo’92. Desde ella, se abarca una visión horizontal de 270º desde un único punto de vista, y todo el núcleo de población está a un radio de 5 km de distancia. Un enclave que res­pondía a lo que estaban buscando.

Lo siguiente era elegir el equipo que se iba a utilizar. La cámara Canon 5D MkII fue la encargada de tomar las imágenes. “Es de las pocas del mercado que, en aquel momento, contaba con un sensor de tamaño de fotograma completo. Esto se traduce en una excelente calidad de imagen y un aprovechamiento máximo de las ópti­cas empleadas, que es justo lo que necesitábamos en este proyecto, ya que hay que com­binar muchas imágenes y hacer mucho postproceso para con­seguir la fotografía final”, detalla José Man​uel Domínguez Morales, otro de los fotógrafos que participó en este proyecto para tomar la fotografía más grande del mundo.

El objetivo empleado fue un 400 mm con duplicador, lo que equivale a 800 mm de distancia focal. Y para hacer las tomas con la mayor precisión posible fue necesario emplear un robot que construyeron ellos mismos.

Cámara sobre soporte robotizado

Superando dificultades

El primer día que subieron a la Torre Schindler, el equipo de Sevilla 111 se dio cuenta de que habían cometido un error: la electrónica de control estaba integrada en el robot y este, a su vez, se montó en un soporte que lo sacaba 20 cm por fuera de la Torre. Por esto, cuando la cámara estaba girada en determinadas posiciones, no podían acceder ni a la pantalla ni a los controles.

El segundo problema fueron las rachas de viento. Después de hacer varias fotos, al verlas en el ordenador descubrieron que muchas estaban movidas aunque se había empleado una velocidad de obturación de 1/2000.

Para solucionar ambos inconvenientes, construyeron otro soporte con la electrónica independiente y rediseñaron la estructura. Al nuevo robot le incorporaron un anemóme­tro para controlar la velocidad del viento. Gracias a él, cada vez que las ráfagas superaban los 9 km por hora, la cámara dejaba de tomar imágenes.

Para mejorar aún más todo el flujo de trabajo, se añadió un software de control remoto al robot para manejarlo desde un ordenador. De esta forma, comprobaban en tiem­po real la calidad de las fotografías. Finalmente, un segundo ordena­dor, situado cuatro plantas más abajo, controlaba al primero desde un escritorio remoto y con una luz que permitía revisar las fotografías en condiciones óptimas.

Después de comprobar las previ­siones meteorológicas, se eligieron los días para hacer las fotos. El primer día se hicieron de la mitad hacia abajo y el segundo de la mitad hacia arriba, y en ambas ocasiones a la misma hora para que la inten­sidad de la luz fuera idéntica.

“El tercer día lo dedicamos a repasar todas las imágenes y a localizar posibles fallos, lo que nos llevó a descubrir que una fotografía del centro de la panorámica había sali­do en negro. La cámara había dis­parado, pero no estaba ni el archi­vo JPG ni el RAW”, relata el equipo.

La solución fue tan sencilla como repetir la foto al día siguiente. En total, desde que comenzó el proyecto fue de más de 35.000 fotografías

Fotografía panorámica

El resultado final

Llegados a este punto, “sólo” queda­ba crear esa gran imagen de más de 100 gigapíxeles. Lo primero era seleccionar las 9.750 fotografías necesarias, y que formarían las 65 líneas de 150 imágenes cada una de la panorámi­ca. Tardaron una semana.

Tras darles un color y tonos homo­géneos, llegaba el momento de montar la foto más grande del mundo. Para esto utilizaron un PC con dos procesadores Xeon de seis núcleos, 40 GB de RAM y un disco duro de 8 TB. El software elegido fue Autopano Giga que, aunque les dio más de un quebradero de cabe­za al principio, mejoró sus herra­mientas mientras se estaba ejecu­tando esta fase del proyecto.

Estos cambios mejoraron los problemas de retardo que estaban teniendo hasta ese momento. El resultado fueron tres archivos desde los que había que generar la imagen final a través de un proceso de rende­rizado (Término inglés que hace referencia a un cálculo complejo, desarrollado por un ordenador, des­tinado a generar una imagen).

Tras corregir pequeños fallos, borrar los rostros de la gente y las matrí­culas de los coches, la panorámica de Sevilla formada por 140.000 pequeñas imágenes, que se mues­tran según se va navegando por ella, estaba en la Red.

Si entras en sevilla111.com puedes comprobar tú mismo el resultado y, por unos instantes, imaginar que estás sobre­volando la antigua Hispalis.