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Llevamos años estudiándolas, pero nadie entiende las extrañas ráfagas de radio que nos llegan del espacio

FRB o Ráfagas rápidas de radio detectadas en una galaxia cercana

NSF’s Optical-Infrared Astronomy Research Laboratory

12/01/2020 - 06:15

Cada cierto tiempo, los radiotelescopios detectan en el espacio emisiones de señales de radio y otros tipos de radiación que desconciertan a los astrónomos. La radiación es algo natural en el universo, ya que hay numerosos cuerpos y fenómenos celestes que emiten grandes cantidades de radiación de modo habitual. Pero bajo ciertas circunstancias, la radiación que recibimos puede acabar convirtiéndose en un misterio. 

Cuando la frecuencia es demasiado alta, o la señal se recibe con una periodicidad poco habitual, los científicos se enfrentan a tener que discernir si la señal es de origen natural y procede de un fenómeno que quizá todavía no comprendemos. o si es una señal de origen artificial y hemos logrado encontrar vida fuera de nuestro planeta por primera vez. 

 Este es el problema al que se enfrentan ahora los astrónomos que estudian los conocidos como “Fast Radio Bursts” (FRB), o ráfagas rápidas de radio, que llevamos detectando varias décadas en diferentes partes del cosmos. Y aunque el origen alienígena está descartado en este caso, los científicos no tienen nada clara la causa de estas señales pese a la cantidad de años que llevan estudiándolas. 

La primera vez que se detectó una ráfaga rápida de radio fue en 2007. Liberó una gran cantidad de energía en apenas unos milisegundos, e inmediatamente después volvió a hacerse el silencio. En aquel momento no se pudo explicar cómo se había originado esa señal, y desde entonces hemos descubierto más señales de este tipo periódicamente. Pero la recepción de más señales ha sido fuente de más preguntas que respuestas para la comunidad científica. 

La teoría inicial era que estas ráfagas eran causadas por eventos catastróficos, como el colapso de un agujero negro. Pero esta teoría se desmintió eventualmente por una sencilla razón: hemos detectado varios lugares en el universo que han emitido estas ráfagas en más de una ocasión, y si la fuente fuera un evento catastrófico, las ráfagas procedentes de ese punto del espacio no deberían repetirse, ya que el cuerpo que las emitiera quedaría destruido en dicho evento.

Exoplaneta con satélites y galaxia

Depositphotos

En octubre de 2019 un grupo de científicos consiguió detectar ocho fuentes desde las cuales recibimos ráfagas rápidas de radio de forma repetitiva gracias al radiotelescopio CHIME (Canadian Hydrogen Intensity Mapping Experience), y tras un análisis intensivo de dichas fuentes, este lunes confirmaron haber determinado la galaxia de la que procede una de ellas, e incluso la región concreta de esta galaxia en la que se ha originado.

Esta ráfaga, denominada FRB180916.J0158+65, ha sido emitida desde una galaxia a “apenas” quinientos mil millones de años luz de nosotros, lo que la convierte en la ráfaga más cercana procedente de una fuente repetitiva detectada hasta ahora. Y esta cercanía tiene ventajas para nosotros, ya que los radiotelescopios tienen mayor facilidad para detectar ráfagas más débiles procedentes de la misma fuente. 

La detección de esas ráfagas débiles plantea nuevas cuestiones respecto a las fuentes de las ráfagas en general. De acuerdo a los investigadores, si la única razón por la cual hemos detectado esas ráfagas de menor intensidad es porque su fuente está más cerca de nosotros, podría darse el caso de que todas las fuentes de ráfagas rápidas de radio estén repitiendo esas señales en mayor o menor medida, pero simplemente no podamos detectarlas porque están demasiado lejos y los instrumentos utilizados no tienen sensibilidad suficiente para percibirlas.

Esto implicaría que las ráfagas no están provocadas por fenómenos distintos, sino por el mismo. Y hay varias razones para apoyar esta teoría, como la procedencia de las señales. Cada vez que los astrónomos tratan de determinar las características de las fuentes que emiten estas señales, obtienen datos poco habituales que no permiten determinar los parecidos entre las diversas fuentes. 

Por ejemplo, varias de las ráfagas proceden de galaxias elípticas masivas en las cuales el ratio de formación de estrellas es muy elevado. Pero también hemos detectado ráfagas de galaxias enanas en las que apenas se forman estrellas, y la ráfaga cercana procede de una galaxia similar a la Vía Láctea

También se creía hasta hace no mucho que las ráfagas se originaban en lugares en los que hay campos magnéticos de muchísima intensidad, pero los campos magnéticos de esas características no son comunes fuera de las galaxias enanas, por lo que considerando que hemos localizado ráfagas en galaxias de características muy diversas, el campo magnético no es un requerimiento necesario para que se originen las emisiones de ese tipo. 

Lo único que tenemos claro es que las galaxias de las que llegan estas ráfagas no tienen características especiales, independientemente de si son fuentes repetitivas de ráfagas de radio o si solo hemos detectado una ráfaga procedente de ellas. También sabemos que la fuente no son agujeros negros supermasivos, ya que las señales no proceden del centro de la galaxia, sino de zonas diversas en las mismas. Y tampoco se detectan emisores conocidos de radiofrecuencia cerca de ellas.

Cabe destacar que no es la primera vez que los científicos se enfrentan a señales desconcertantes procedentes de diversos lugares del universo. A menudo es posible comprender su origen, como es el caso de los púlsares. Los púlsares o estrellas de neutrones fueron descubiertos por Jocelyn Bell en 1967 gracias a que observó señales de radio muy breves pero también muy regulares emitidas desde un lugar concreto. La extraña repetición constante hizo que inicialmente se pensase que era una señal artificial enviada por una civilización extraterrestre, pero las posteriores observaciones ayudaron a comprender que se había encontrado un nuevo tipo de estrella.

No obstante, también se han dado casos en los que una señal recibida del espacio quedaba sin explicación, como ocurre con la conocida como señal Wow!. Esta señal de radio de alta intensidad fue descubierta por el astrónomo Jerry Ehman en 1977, y aunque hay diversas teorías sobre su origen (como la posibilidad de que la causase un cometa, aunque Ehman no apoya esta teoría) a día de hoy seguimos sin saber qué la provocó

Dado que ahora conocemos una fuente de ráfagas cercana, será más sencillo obtener datos de las mismas que ayuden a estudiarlas en profundidad. Quizá con mayor cantidad de datos podamos determinar si sus fuentes tienen algo en común, y discernir así si las ráfagas son producidas por un cuerpo celeste que ya conocemos o si su origen es un fenómeno desconocido hasta ahora. 

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