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Obsolescencia programada, ¿mito o realidad?

Obsolescencia programada

08/06/2019 - 18:40

Vivimos en una época conspiranoica, en donde los trolls y las fake news tergiversan la verdad, y no es fácil hablar con parcialidad de un tema polémico como es la obsolescencia programada. ¿Realmente es algo generalizado? ¿Es una práctica poco ética de las empresas, o necesaria para asegurar puestos de trabajo, y la evolución de la tecnología?

Un tema que levanta pasiones desde hace casi 100 años, y nadie parece encontrar la solución definitiva. Obsolescencia programada, ¿mito o realidad?

Se llama obsolescencia programada o planificada, a una acción premeditada del fabricante de un producto, para que éste deje de funcionar correctamente cuando alcance una determinada fecha. Para reducir su vida útil, en definitiva.

Existen muchas variantes, y unas son más demostrables que otras. Pero parece claro que es una práctica habitual en todo tipo de mercados. Puedes ver una explicación más detallada en este vídeo que muestra qué es la obsolescencia programada:

A nuestro alrededor tenemos muchos indicios de obsolescencia programada. ¿Has notado el extraño olor que desprenden algunas bayetas, simplemente mojándolas con agua limpia (para que las cambies)? ¿Cuánto jabón has desperdiciado con esos agujeros tan grandes que tienen los botes de champú o gel? ¿Te has dado cuenta de que muchas fregonas, literalmente, se desintegran tras unas semanas de uso?

El mundo de la tecnología es uno de los mejor abonados para poner en práctica la obsolescencia programada. A todos el mundo nos ha ocurrido, llevar a reparar un electrodoméstico al servicio técnico y decirte que sale más barato comprar uno nuevo que repararlo. O comprar un dispositivo con batería no extraíble, que a los dos años se descarga a los 5 minutos de uso, y tienes que cambiar el móvil completo.

Pero cuidado, que también existe obsolescencia programada completamente aceptada, como por ejemplo la norma de dejar de actualizar el sistema operativo de un móvil pasados dos años. Y otras que incluso son aplaudidas y fomentadas por los propios usuarios, como la moda textil: cada año cambian los colores, los tejidos y los estilos. Ropa completamente nueva que apenas te has puesto un par de veces acaba en el fondo del armario, o peor aún, en la basura.

Obsolescencia programada

No es un tema sencillo, y no es fácil ponerse de acuerdo. Ni siquiera dentro de cada mercado.

Coches y bombillas

Los orígenes de la obsolescencia planificada se remontan a principios del siglo XX, cuando se puso en marcha la fabricación en cadena. Si se podía abastecer el mercado con millones de productos fabricados en serie, y esos productos duraban años, las cadenas de producción deberían parar. Y eso es algo que los empresarios no iban a permitir.

Uno de los primeros casos documentados de obsolescencia programada fue el de la bombilla incandescente. Revolucionó la vida diaria, pero tenía un problema: duraba demasiado. Ya la primera bombilla inventada por Thomas Edison, duraba más de 1500 horas.

En 1924 se formó el Cártel Phoebus, una asociación de los principales fabricantes de bombillas de la época: Osram, Philips o General Electric, pero también la española Lámparas Z, entre otras. Oficialmente se creó para estandizar patentes, pero en la práctica se comprobó que la duración de las bombillas había caído a las 1000 horas en todas las marcas.

En 1932, en tiempos de la Gran Depresión americana, el empresario Bernald London llegó a proponer que la obsolescencia planificada se aprobase por ley, para asegurar los puestos de trabajo y la viabilidad de las empresas. Algo que, por suerte, nunca ocurrió.

Otro caso muy famoso fue el del nailon. Cuando se inventó, en 1938, era una fibra extraordinariamente resistente, que podía durar toda la vida. La firma DuPont, que tenía la patente, comenzó a sufrir el descenso en ventas porque las mujeres compraban medias de nailon que duraban años. Así que misteriosamente, las medias comenzaron a ser cada vez menos resistentes, hasta el punto de que un simple enganchón puede estropearlas.

Obsolescencia tecnológica

Hemos visto cómo esta práctica lleva activa desde hace décadas, en todo tipo de sectores. Incluido el tecnológico. De hecho la tecnología es especialmente propensa a la obsolescencia, por su complejidad y capacidad de programación. Una máquina puede ser enormemente compleja, pero basta que un tornillo o un chip falle, para que todo deje de funcionar.

Obsolescencia programada

Desde siempre, la obsolescencia tecnológica ha estado asociada a las reparaciones. El ejemplo más obvio ya lo hemos comentado: una reparación te cuesta más que comprar el producto nuevo. Es algo que hoy en día se sigue produciendo en muchos artículos, y no solo en los baratos, que sería más lógico.

Algo similar ocurre con las piezas de repuesto. Muchos dispositivos no se pueden reparar, sencillamente, porque no venden piezas de repuesto. O no las venden a los talleres y tienes que comprarlas directamente al fabricante, a unos precios elevados, en relación al producto completo.

Obsolescencia programada

Ha sido muy comentada la polémica con las impresoras. Sabemos que su estrategia de venta es venderlas a precio de coste y ganar dinero con la venta de tinta, a precios desmesurados. Por eso las impresoras no se reparan, y no permiten usar tinta que no sea oficial.

Cartuchos de impresora

En 2017 se descubrió que la mayoría de los fabricantes programaban las impresoras para que indiquen que un cartucho está agotado, cuando aún queda un 20% de tinta.