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Así es como la ley de copyright podría cambiar el futuro de la inteligencia artificial

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Foto del redactor Carolina González ValenzuelaFoto del redactor Carolina González Valenzuela

Redactora de Tecnología

El gran auge de la IA con grandes empresas continuamente sacando nuevas herramientas ha abierto una gran caja de pandora: el copyright o violación de los derechos de autor.

La inteligencia artificial (IA) se ha convertido casi de la noche a la mañana en un gran reclamo para usuarios y grandes empresas. La llegada de ChatGPT a nuestras vidas ha provocado un gran revuelo en el sector, y junto con otras IAs como DALL-E, Copilot o Stable Diffusion, la población ha comenzado a darse cuenta de sus grandes usos.

Sin embargo, esto es solo la punta del iceberg de lo que la inteligencia artificial es capaz de hacer y las utilidades que tiene en el mundo. 

Y es que, en pocas palabras, la IA se está convirtiendo en una herramienta de negocio, que generará miles de millones de euros a las empresas que la utilicen para tareas como mejorar las búsquedas en Internet, escribir código de software, descubrir y solucionar ineficiencias en el negocio de una empresa y extraer información útil y procesable de cantidades masivas de datos.

Sin embargo, hay algo que no estamos teniendo en cuenta y que podría hacer que esto acabe muy mal, sobre todo para esas grandes empresas: el copyright.

Microsoft, GitHub y OpenAI, demandados por infringir la ley de copyright

Pues sí, parece una locura pero es así. Para hacer su trabajo, la IA necesita constantemente datos para ir poco a poco entrenándose y ser cada vez más capaz y más útil, pero los detractores afirman que la IA viola las leyes de propiedad intelectual al usar información sin obtener los derechos sobre ella.

Un gran y reciente ejemplo es el de Microsoft, su filial GitHub y su socio comercial OpenAI, que han sido objeto de una demanda colectiva propuesta en la que se alega que la creación del asistente de codificación GitHub Copilot mediante IA se basa en "piratería de software a una escala sin precedentes". 

En pocas palabras, se le acusa de haber utilizado ilegalmente código creado por otros para construir y entrenar el servicio Copilot, que utiliza IA para escribir software. (Microsoft ha invertido 1.000 millones de dólares en OpenAI).

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Copilot, para aquel que ande algo perdido, es un asistente de codificación de IA que genera código para crear funciones básicas de software, liberando a los desarrolladores para que puedan centrarse en tareas de programación más complicadas y de mayor nivel. 

Los programadores sólo tienen que decirle a Copilot lo que quieren crear, y Copilot crea código listo para usar que pueden pegar en su trabajo.

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Esta es la base, pero claro, con todos los datos de los que se sigue alimentando, no sería de extrañar que los programadores novatos fueran capaces de crear aplicaciones sencillas gracias a Copilot y sin tener ni idea de programar y, con el tiempo, quizá también aplicaciones más complicadas.

El repositorio de código abierto GitHub, propiedad de Microsoft, en el que se ejecuta Copilot, dice que está "entrenado en miles de millones de líneas de código público". La forma en que Copilot obtiene ese código fuente abierto es el núcleo de la demanda.

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Microsoft y OpenAI no son los únicos que utilizan material protegido por derechos de autor para entrenar sistemas de IA con fines lucrativos. Muchas IA de texto a imagen, como el programa de código abierto Stable Diffusion, se crearon exactamente del mismo modo. 

Sea como fuere, Copilot, en este concreto caso, no se adhiere a las licencias que pueden exigir, por ejemplo, incluir el nombre del creador del código original y un aviso de copyright. Microsoft afirma que no necesita hacerlo. 

El consejero delegado de GitHub, Nat Friedman, afirma que Copilot puede utilizar cualquier código fuente abierto para entrenarse, independientemente de las licencias, porque entra dentro del "uso justo" de la ley de derechos de autor. Muchas otras empresas e investigadores de IA afirman lo mismo.

Matthew Butterick, programador, escritor y abogado, no está de acuerdo y es parte de esta demanda colectiva presentada. Considera, de una forma simple, que roban la propiedad intelectual de quienes crearon el código utilizado para entrenar a Copilot y afirma que esto es solo el principio. 

En realidad, si te paras a pensarlo, lleva razón. Los generadores de imágenes de IA, como DALL-E 2, gestionado por OpenAI, ya se entrenan en imágenes encontradas en la web.

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Con todo esto sobre la mesa, la guerra no ha hecho más que empezar y precisamente en este punto en el que nos encontramos se podría llegar a decidir el futuro de la IA, o al menos la rapidez con la que esta podría llegarnos a ser útil. Si la demanda sale favorable para Butterick y compañía, las empresas dispondrán de miles y miles de datos menos, por lo que el entrenamiento sería más lento.

Si Microsoft pierde, los creadores de IA tendrán que actuar con mucho más cuidado, posiblemente frenando la creación de IA, pero respetando la propiedad intelectual de artistas, escritores, programadores y otros. Eso sí, si ganan, cuidado, porque la IA podría definitivamente explotar.

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Redactora de Tecnología, especializada en inteligencia artificial y ciberseguridad.

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